Un día después de tomar posesión de su cargo, Barack Obama juró ayer su segundo mandato, esta vez en una ceremonia pública celebrada frente al Capitolio y seguida por cientos de miles de personas, a quienes prometió que en los próximos cuatro años de legislatura defenderá la igualdad de oportunidades para toda la población, dentro de una agenda progresista que incluya derechos para homosexuales y para los inmigrantes.
En su discurso inaugural, el presidente de Estados Unidos también se centró en la necesidad de trabajar «juntos» con esfuerzo. «Con la sangre derramada por los látigos y las espadas, aprendimos que la unión fundada en los principios de la libertad y la igualdad no podría sobrevivir con la mitad esclava y la mitad libre», señaló.
«No creemos que en este país la libertad esté reservada para los afortunados o la felicidad para unos pocos», agregó, ya que «nuestra libertad es un regalo de Dios que debe de ser defendido por los hombres aquí en la tierra».
El inquilino de la Casa Blanca destacó el fin de «una década de guerra» y el inicio «de la recuperación económica». «Nuestras posibilidades son interminables», aseveró, al tiempo que incidió en la importancia del esfuerzo individual y nacional para alcanzar la plena estabilidad financiera. «Ahora, como nunca antes, debemos hacer las cosas juntos, como una nación, como una persona», reclamó.
Asimismo, y pese a que no estaba previsto que desgranase parte de su agenda en la jornada inaugural, Obama aseguró que seguirá con las reformas para modernizar el país. «Nuestro camino no estará completo hasta que nuestras mujeres, madres e hijas puedan tener una vida igual a sus esfuerzos. Nuestro viaje no estará completo hasta que nuestros hermanos y hermanas homosexuales sean tratados igual ante la ley», incidió.
También defendió sus propuestas en el sector sanitario. «Todos los ciudadanos merecen tener cubiertas sus necesidades básicas de salud y educación», afirmó, para reconocer la prioridad de reducir los gastos.
Su reforma migratoria también tuvo su hueco. «Nuestras travesía no estará terminada hasta que encontremos una manera mejor de darle la bievenida a los esforzados y esperanzados inmigrantes que siguen viendo Estados Unidos como el país de las oportunidades», aseveró, al tiempo que prometió seguir defendiendo la democracia en todos los continentes.
La ceremonia de investidura, seguida por unas 800.000 personas, fue amenizada, además, por estrellas de la talla de Beyoncé, quien cantó el himno del país, Kelly Clarkson o James Taylor. Acompañado de su mujer, Michelle, y sus dos hijas, Shasha y Malia, el presidente acudió, en primer lugar, a la iglesia, para, posteriormente, tomar posesión. Como ya hiciera en 2009, utilizó la misma Biblia sobre la que Abraham Lincoln juró su cargo en 1861, pero añadió una de Martin Luther King.
