“Otero de Herreros no se fundó ex novo en 1480 como consecuencia de un abandono de los habitantes de la pequeña aldea de Ferreros, tal y como se ha venido manteniendo hasta ahora en base a los escritos del Marqués de Mondéjar y del cronista Carlos de Lecea. Por el contrario, la existencia de la localidad oterana puede ser documentada incluso con los nombres y apellidos de muchos de sus habitantes al menos desde los comienzos del siglo XIV, cuando ya se manifestaba como una aldea de segundo orden en la Tierra de Segovia de la plena Edad Media”.
Las anteriores son palabras de Javier Monjas, autor del libro “Otero de Herreros. La historia rescatada. Otero y la Segovia de la sierra durante la Edad Media” (Vision Libros, Madrid, 2013). Según Monjas, periodista de larga trayectoria como corresponsal de guerra y enviado especial nacional e internacional, los cronistas medievales y el propio Colmenares relataron con exactitud los diversos acontecimientos históricos que tuvieron lugar en Otero de Herreros, como, por ejemplo, la entrevista entre el infante Fernando, hermano del entonces recién fallecido Enrique III de Castilla y futuro Fernando I de Aragón, con el obispo de Segovia, Juan de Tordesillas, enviado de la reina viuda, Catalina de Lancaster, en torno a la dramática y tensa situación creada en torno a la regencia de Castilla y la tutoría del Príncipe de Asturias, el futuro Juan II.
El Marqués de Mondéjar, en su libro “Noticias genealógicas del linaje de Segovia” (publicado en 1690 bajo la firma de su mayordomo, Juan Román Cárdenas), consideró sin embargo que Otero de Herreros había sido fundado en 1480, y Carlos de Lecea, principalmente en su ensayo “Las ruinas de un pueblo”, contenido en “Monografías segovianas” (1906), concedió ilimitada credibilidad a esa versión, anulando hasta hoy no solo la historia medieval de Otero de Herreros con una serie de errores que se han venido manteniendo en los libros sobre la historia segoviana, sino también desvirtuando el conjunto del panorama comarcal de las aldeas de la Vera de la Sierra.
Monjas recupera la documentación que dormía en los archivos sobre la existencia de un campesinado rico en el Otero de Herreros de los comienzos del siglo XIV y relaciona la actividad de aquella aldea con unos acontecimientos históricos narrados por los cronistas medievales que, según Carlos de Lecea, apoyado en las erróneas fechas de Mondéjar, nunca debieron ocurrir en un Otero de Herreros que, según ambos, aún no existía entonces.
En el primero de los dos tomos con que cuenta la obra, Monjas lleva hasta la antigüedad de las explotaciones mineras del Cerro de los Almadenes el inicio de un Otero de Herreros que debe surgir como apoyo y punto de vigilancia para las ferrerías, pero que después se mantiene como atalaya en la zona más extrema de la Extremadura de Castilla durante casi dos siglos. Con posterioridad, Otero de Herreros se convierte en una escala de la corte de los Trastámaras en sus desplazamientos desde y hacia Segovia por el paso de la Tablada.
De esa forma, Enrique III, ya sintiéndose a punto de morir, signa en el Otero de Herreros de 1406 una importantísima provisión de fondos destinada a su hermano Fernando —años después Fernando I de Aragón— y, pocas semanas más tarde, ya fallecido el rey castellano, la reina Catalina y el infante negocian también en Otero de Herreros, en enero de 1407, el futuro de la custodia del entonces pequeño Juan, siempre en una aldea que, como Otero, una vez tras otra se da como aún no existente en aquellas fechas de acuerdo a la errónea versión urdida por Mondéjar y Lecea y continuada más tarde por múltiples historiadores segovianos.
A la luz de la reafirmación de la existencia medieval de Otero de Herreros, Monjas aporta nuevos indicios sobre la muy probable vivencia directa en la zona del Arcipreste de Hita, recreada más tarde en el Libro de Buen Amor, reconstruye de forma definitiva la toponimia sobre la sierra del Quintanar recogida por Alfonso XI en su Libro de la Montería, y analiza la existencia de un centro precristiano previo a la actual ermita de la Virgen de la Adrada de Otero de Herreros, en una línea de culto pagano que enlazaba Matut y Madrona a través de la Adrada de Otero y que corría paralelo a la ruta de distribución hacia Segovia del mineral extraído en el oterano Cerro de los Almadenes, actualmente en plena excavación.
La obra, que se presentará mañana (11,30 horas, en el Ayuntamiento de Otero de Herreros), tiene dos volúmenes , no se ciñe a Otero de Herreros, ya que extiende su rango de análisis a los pueblos de la Vera de la Sierra. Cita casi tres centenares de veces a Vegas de Matute (más otras doscientas al antiguo y despoblado Matut); un centenar de veces a Valdeprados; otro centenar a Riofrío; centenar y medio a La Losa; 360 veces a El Espinar y unas 140 a Villacastín, y así con el resto de aldeas y villas del alfoz segoviano y el piedemonte de la sierra.
Monjas nació en Madrid, aunque su familia materna ha nacido y vivido en Otero de Herreros desde hace siglos, y la paterna, aunque oriunda de la también segoviana Anaya, asimismo se estableció en la localidad oterana. Finalista del Premio Cirilo Rodríguez para enviados especiales y corresponsales de guerra, Monjas, corresponsal en Nueva York para distintas publicaciones, ha cubierto las guerras de El Salvador, del Golfo y de Bosnia y Herzegovina, además de haber realizado decenas de reportajes en una cuarentena de países.