La segunda investidura de Barack Obama «tiene aún más significación», aseguró ayer entusiasmada Audrey, una enfermera negra de 53 años llegada desde Florida para celebrar en Washington como otros cientos de miles de estadounidenses la ceremonia pública de jura del presidente.
Desde la madrugada, simpatizantes del 44° mandatario de EEUU convergían en el National Mall, una gran explanada ubicada al frente del Capitolio, en el corazón de la capital federal.
Un ruidoso «Yeah!» surgió de la multitud cuando Obama dio en voz alta su promesa de «proteger y defender la Constitución de Estados Unidos». «Éste es un momento formidable, yo quería que mi hija viniera aquí», indicó Carmen Green, quien llegó desde Luisiana con su hija, que cursa cuarto grado.
A pesar de la multitud, aún se veían trozos de césped disponibles en el Mall, por momentos abrigado por el sol en el transcurso de una mañana muy fría. Unos 800.000 espectadores asistieron a la ceremonia, frente a los 1,8 millones que lo habían hecho en 2009, cuando ocurría un hecho único: un mandatario negro ocupaba por primera vez la Casa Blanca. «Esto es historia. Esto es aún más significativo hoy porque ésta es la segunda vez», señaló Audrey, que llevaba prendida en su gorro una chapa con los rostros de Obama y Martin Luther King, el mismo día en que se celebra en Estados Unidos el Día de éste defensor de los derechos civiles, asesinado en 1968. «Festejamos a los dos hoy», se congratuló.
«Seguramente habrá menos gente y menos emoción que hace cuatro años porque Obama ya entró en la Historia», señaló Dana, de Virginia, «pero es muy emocionante» igual. Sin embargo, «aún falta mucho por hacer: una ley sobre las armas, y también el presupuesto», reconoció.
