La Copa siempre da una sorpresa, y en esta ocasión le tocó protagonizarla a un Caja Segovia brutal, que consiguió sobreponerse al hecho de jugar frente al anfitrión del torneo, en una cancha nunca fácil, remontando en dos ocasiones un marcador adverso, superando un momento complicado después de dos minutos sin marcar en superioridad numérica, y expulsando gracias a Jesús Herrero la maldición de los penaltis.
El partido se prometía tan tenso que en los primeros minutos ambos conjuntos pagaron el exceso de responsabilidad con demasiadas imprecisiones. Pesaba más el hecho de no encajar un gol temprano que pusiera las cosas cuesta arriba más que intentar apretar al contrario para que sufriera en defensa. Así transcurrieron los primeros minutos de partido sin ocasiones claras, hasta que en el cinco, el Inter aprovechó una mala acción segoviana en la salida del balón, y Oitomeia apretó y apretó hasta que consiguió llegar hasta Jesús Herrero, que le rechazó el lanzamiento, pero no pudo evitar que Gadeia marcara el 1-0.
El Caja se metía entonces en el peor de los escenarios posibles, perdiendo ante el anfitrión, pero el gol lo que hizo su serenar los ánimos de los jugadores de David Madrid, que comenzaron a divertirse tocando la pelota. Sergio aprovechó en el segundo palo un error en la marca de la defensa del Inter, y fue entonces cuando el partido definitivamente cambió de signo en esta primera mitad, porque el Inter sí acusó el golpe en exceso.
El equipo de Jesús Velasco intentó presionar más al Caja, pero los “mocosos” ya se habían metido en el partido, y lo único que lograron los locales fue cargarse de faltas, para desesperación de un banquillo local que optó por protestarlo absolutamente todo, desde un saque de banda hasta una falta clara, lo que contribuyó a desquiciar bastante más a los jugadores locales, que a ocho minutos para el final ya sumaban cinco faltas, y tardaron tres minutos más en cometer la sexta, que le dio la opción a Palomeque de marcar el 1-2 desde el punto del doble penalti.
El partido estaba tan de cara para los visitantes, con el marcador a favor, jugando ante un rival encerrado en diez metros temeroso de hacer más faltas, que por un momento se olvidaron de dónde estaban, en unos cuartos de final de la Copa, en los que la exigencia pasa por machacar cuando se tiene la ocasión. Palomeque la tuvo, por partida doble, en otro doble penalti sumado a un dos para uno en una contra, pero en ambas se encontró con Juanjo.
Y pasó lo que siempre pasa, que si las tienes y no las metes, al final lo pagas. Y el Caja lo pagó en un error en el ajuste defensivo que permitió que el balón llegara en buenas condiciones a la frontal del área de Jesús Herrero, donde Rafael, llegando desde atrás, machacó el empate.
Pero el Inter no regresó del desquiciamiento general con el gol, y en un fallo clamoroso en la salida del balón local, el esférico le cayó a José Carlos, que no perdonó el 2-3. Y así, entre las protestas locales, y el dolor en la cara de David, al que una falta de Rafael (no pitada) volvió a dañarle el tobillo, acabó la primera parte.
Se esperaba un segundo acto con el Inter volcado sobre el área segoviana, y así fue, pero con un aspecto que en la primera parte no había destacado precisamente en el equipo madrileño: La cabeza. En cuanto los de Velasco se olvidaron de los árbitros y presionaron de verdad al Caja, los segovianos comenzaron a pasar apuros de verdad.
A ello contribuyó sin duda el 3-3 que logró Rafael cruzando su lanzamiento de falta. Pero lo que sin duda fue un mazazo en la moral del Caja fue la imposibilidad de marcar gol en superioridad numérica tras la expulsión de Ortiz, porque el Inter se creció, su afición, prácticamente inexistente hasta entonces, apretó de firme, y en pleno éxtasis local Batería se sacó de la manga un golazo cruzando su lanzamiento suavemente sobre la salida de Jesús Herrero, que parecía casi definitivo.
Pero quedaba demasiado tiempo como para pensar que todo estaba perdido, y aunque hubo que tomar riesgos, porque había que buscar un gol, el Caja lo siguió intentando. Vaya por delante que por momentos no fue en absoluto fiel a su estilo de juego de cuatro, pero hay momentos en los que el estilo cuenta poco, y lo que vale es marcar.
Estaba “cantado” que el Caja iba a tener al menos una ocasión para marcar. Y ésta llegó en una rápida acción de David ante el error del Inter, que llevó el balón al segundo palo, donde Fabián vio cómo Batería se anticipaba a su acción, marcándose el 4-4 ante el delirio de los 500 aficionados segovianos que sufrieron, que vibraron, y que disfrutaron del fútbol sala en estado puro.
Los últimos minutos fueron del Inter, y negarlo sería injusto. Pero Pola falló un par de remates fáciles al segundo palo, y Jesús Herrero estuvo cuando se le necesitó, es decir, en el tiempo reglamentario, y en los lanzamientos de penalti que decidieron el semifinalista. Por una vez la maldita suerte le sonrió al Caja, que jugará ante ElPozo por un puesto en la final de la Copa de España. Por cierto, ¿sabían que este equipo sigue sin patrocinador para el año que viene? Pues no hay mejor manera de venderse.
