Como cada 7 de enero, siempre y cuando el tiempo lo permite, ayer tuvo lugar en Otero de Herreros la “carrera de cintas” que protagonizan los quintos del año recién estrenado. En esta ocasión, la afluencia de público fue alta. Ayer era fiesta y, además, la tarde resultó soleada, lo que animó a un buen número de vecinos del pueblo, e incluso de otros del entorno, a acudir al camino de tierra situado junto al cementerio para contemplar el espectáculo.
A diferencia de los últimos años, en los que la mayoría de los ‘jinetes’ apenas sabían montar a caballo, los tres quintos de 2013 (Jonathan Hernangómez, David Cubo y Miguel Ángel Gómez) tenían oficio. Mucho. “Yo prácticamente me crié entre caballos”, decía Hernangómez. “Yo me aficioné a ellos a los diez años”, indicaba Cubo. Y si el tercero del grupo, Gómez, no pudo finalmente disponer de montura, fue debido —según señaló— a que no tuvo tiempo de herrar a su caballo.
Como es la norma, los dos extremos de una soga se ataron a dos máquinas (antiguamente, a carros). Sheila García, la única quinta de 2013, fue la encargada de anudar después las cintas a la soga. Y luego se produjo la escena más esperada, la de los dos quintos pasando una y otra vez al galope, intentando asir alguna de las cintas. La pericia de ambos regaló carreras vistosas, en las que ambos llegaron incluso a soltar las dos manos de las riendas, en su intento de alcanzar las cintas. Tras los dos quintos, un par de “acompañantes” (los que serán quintos en 2014), pasaban, subidos a un burro, también intentando coger cintas, pero con un método menos ortodoxo, haciendo reír al público.
Entre los presentes, muchos recuerdos. Alejandro Bravo hablaba de los tiempos en los que cada quinta tenía “muchos más mozos” y de cuando las carreras de cintas se celebraban en las calles del pueblo. A su lado, su esposa, Araceli, explicaba cómo se bordaban los puros a los quintos. “Debía hacerlo la novia y, si no tenía, las quintas”. Estos puros bordados eran (y son), auténticas obras de arte. “Se bordan con hilo de seda, de diferentes colores, colocando arriba un lazo y abajo una borla”, añadía Araceli.
“Hay que haber nacido aquí para sentir esta fiesta”, concluía Ana Otero al ver a los quintos enfilar hasta el pueblo en sus monturas, tras terminar el rito. De Otero marcharon en caballo a Ortigosa del Monte, donde ayer también era fiesta. Y, para acabar la función, de nuevo en Otero, una gran cena, a base de pollo, a la que los quintos habían invitado “a todo el pueblo”.
El próximo año, 2014, habrá más quintos, 13, pero, según dicen, ninguno tiene experiencia en montar…