personalidad de Luis Javier, que aparecía con aire cansado a la tertulia y con su inconfundible chaleco sin mangas -incluso en los días tórridos de agosto- generalmente acompañado de una bolsa que contenía libros y cartas que había recogido en su apartado de correos.
Hacía años que su deterioro era evidente. Muy de cerca, seguimos con inquietud sus operaciones y enfermedades. Todos conocíamos la gravedad de su estado, pero no que su final fuera tan rápido…
