El comercio exterior es un buen termómetro para medir la competitividad de una economía, ya que, en concurrencia con todos los países del mundo, se venden los productos que tienen una relación calidad-precio adecuada, derivada de los procesos productivos de las empresas. Además, la salida a los mercados exteriores ha sido un elemento clave para la supervivencia de algunas de las empresas durante los años más duros de la crisis, contrarrestando la caída de la demanda interna, tal y como ponen de manifiesto las cifras de exportaciones provinciales, que no han dejado de crecer a lo largo de la última década, con la excepción de los años 2009 y 2012…
