Recientemente, estamos viviendo en la sociedad segoviana el problema de la escasez de agua y se está recibiendo, un cierto aluvión de informaciones relativas al agua como medio de supervivencia económico y social de nuestro entorno. Los estamentos políticos no se ponen de acuerdo, la Confederación Hidrográfica del Duero tiene su criterio propio, y únicamente Ignacio Tapia hasta el momento, ha publicado que pueden existir otras posibilidades a las dos que se barajan actualmente.
En este artículo se comenta cómo ha evolucionado desde el siglo XIX la problemática de la escasez de agua en nuestra región y en España, con breves reseñas históricas, y como desde hace décadas se estudian y valoran alternativas al problema de suministro y almacenamiento de agua para Segovia y su alfoz, pero a fecha de hoy, seguimos sin tener una solución definitiva a largo plazo. También se ponen de manifiesto todas las alternativas conocidas hasta la fecha, para su conocimiento general.
En España, en el año 1879 se promulga la primera Ley de Aguas moderna, donde se resalta la necesidad de obras hidráulicas. Por ello, en 1902 el primer Plan General de Canales de Riego y Pantanos, denominado Plan Gasset, comienza a conformar la planificación hidrológica y hidrográfica de España, pues en un país con fuertes contrastes de aportaciones entre cuencas, la planificación era una necesidad inminente. Con la Dictadura de Primo de Rivera, el Conde de Guadalhorce como Ministro de Fomento en 1926, modificó radicalmente la política hidráulica y crea las primeras Confederaciones Hidrográficas de cada cuenca coincidentes con los grandes ríos peninsulares, para su descentralización pero dependientes del Ministerio, nombrando como primer presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro, al ingeniero madrileño Manuel Lorenzo Pardo, quien es considerado el gran planificador de la política hidráulica en España en los tres regímenes, Monarquía, República y Dictadura, ya que el agua no entiende de colores o de ideologías, es un bien común y hay que utilizarla racionalmente. Con posterioridad, Manuel Lorenzo Pardo impulsor del Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933, vuelve a poner de manifiesto la heterogeneidad de las cuencas hidrográficas, unas deficitarias y otras excedentarias, y que a través de canales de riego se podría llevar agua de unas zonas a otras, naciendo así los trasvases españoles como el Tajo-Segura y otros.
En Segovia, aunque en el primer Plan Gasset de 1902 ya se contemplaban dos embalses en los cursos altos de los ríos Cambrones y Eresma, y otro embalse en Bernardos en el curso medio del río Eresma, hasta que no vino en los años 20 el ingeniero zamorano, Federico Cantero Villamil, que aprovechaba sus veranos en La Granja para buscar emplazamientos para futuros embalses no se empieza a ver otras posibles ubicaciones a las iniciales del Plan del 1902. De esta manera, y por encargo del Ministro de Fomento Conde de Guadalhorce, Federico Cantero proyecta una presa en el río Eresma, aguas abajo del puente de Valsaín para aprovechamiento hidroeléctrico denominada “Salto del Olvido”, que por limitaciones presupuestarias tuvo que reducirse su tamaño del inicialmente proyectado. También y antes de la guerra civil, Federico Cantero planificó lo que se llamó “Proyecto de dos embalses” uno en el río Eresma denominado “El Pontón”, y otro en el río Ciguiñuela denominado “Cuenco de San Cristóbal”, para producir en este último energía eléctrica mediante un trasvase desde el Pontón, al no disponer el río Ciguiñuela de aportaciones suficientes.
En un contexto local para la ciudad de Segovia, ya los romanos cuando estaban ubicados en la antigua Hispania, tenían un problema con el aqua y para abastecer a la ciudad de Segobriga (Zona recinto Amurallado), construyeron un canal de piedra de trece leguas con origen en un punto llamado colgadizos en el arroyo de la Acebeda y final en la zona alta y amurallada de la ciudad , y para salvar el desnivel que existía en la depresión del zoco chico “Azoguejo”, construyeron un aqueducto que librara este desnivel de 30 metros. Este canal ha estado funcionando hasta 1928 a pleno rendimiento, y hasta la década de los años 50 esporádicamente. Para aumentar la dotación de agua que era totalmente insuficiente, se recurrió a las aguas de la cacera de Navalcaz con inicio en la zona de Valsaín y a las aguas de la cacera de la Acebeda, para satisfacer el aumento de demanda hídrica en verano. Los romanos también construyeron un cierto número de presas en Hispania, como la de Proserpina (Mérida), la de Alcantarilla (Toledo) o Almonacid (Zaragoza).
Por ello, en 1944 el Ayuntamiento de Segovia encargó un proyecto para mejora del abastecimiento a la ciudad a los ingenieros Enrique Becerril y Abilio Arroyo, donde se incluía la construcción de una presa en Revenga “Puente Alta”, asegurando el abastecimiento para 56.000 habitantes, justo el doble del censo que tenía la ciudad en esos años, pero quedó sin resolver la falta de presión que se tenía en ciertas zonas altas y la problemática con la red de distribución en la ciudad. En el transcurso de las obras de la presa de Puente Alta, el Ayuntamiento de Segovia se quedó sin recursos económicos solicitando auxilio económico al Estado, y el entonces Ministro de Obras Públicas, Sr. José María Fernández-Ladreda y Menéndez-Valdés que tenía cierta vinculación con Segovia, promulgó un Decreto el 12 de Mayo de 1950, por el que se concedía ese auxilio económico del Estado a las obras de ampliación del abastecimiento de agua potable a la ciudad de Segovia, y de este modo se pudo concluir las obras de la presa de Puente Alta en 1953…
