La estampa se volvió a repetir por segundo año consecutivo. Una larga cola que llegó hasta la iglesia de San Martín se formó en los alrededores del Castillo para acceder a la Gran Gala de Magia, el espectáculo central de este II Festival de Magia e Ilusionismo, ‘La villa encantada’. El frío, que de por sí siempre es protagonista en cualquier acto que tiene lugar en el Patio de Armas del Palacio, fue especialmente intenso en la noche del sábado, a pesar de estar a las puertas del verano. Un entorno mágico con iluminación muy propia para el acto dio paso a un show de algo más de hora y media que, nada más comenzar, hizo olvidarse de las temperaturas al público. El cómico Enrique San Francisco fue el encargado de guiar el show, e hizo gala de su peculiar humor en todo momento. “Si no me congelo definitivamente…”, bromeó en varias ocasiones, mientras enlazó sus monólogos que dieron paso a los artistas. Nuel Galán fue el primero en actuar, con una moderna puesta en escena y trucos de manipulación con cds al ritmo de la música. Vistoso y original, abrió la noche dejando el listón alto.
Le siguió la magia y clown de Jaime Figueroa, que ya había visitado la villa en una ocasión, pero en ésta realizó un divertido número más amplio. El humor de su “torpe magia intencionada” divirtió a pequeños y mayores. Aros, cuerdas, cartas y una paloma a la que devolvió a la vida fueron algunos de los números que mezcló con sus singulares bailes y su movimiento de flequillo tan característico. Fue la nota humorística de la noche mezclada con mucha magia, y que continuó elevando el nivel de la noche de sábado. En tercer lugar llegó el turno de Miguel Muñoz. Su ilusionismo fue el más sentido y poético de todos, con un número muy original en el que el agua fue el eje central. Cayendo desde arriba, hizo aparecer bolas de cristal en las manos del mago, que muy habilidosamente las convirtió de nuevo en agua, jugando con los estados materiales y convirtiendo el cristal en agua de una manera melodiosa y espectacular.