Los orígenes Con motivo de la instauración de la dinastía borbónica en España, tras la Guerra de Sucesión (1701-1713) y después de varios intentos fallidos de establecer en nuestro país manufacturas del vidrio, Felipe V decidió implantar una industria para abastecer de este tipo de productos al Palacio Real que se estaba terminando de construir en La Granja y en un futuro a la Corte madrileña. Así en 1727 el monarca respaldó a Ventura Sit para fabricar vidrio plano, por el procedimiento de la caña de soplar, en una caseta de madera ubicada en el interior de la población granjeña, que se abastecía de la abundante madera de los bosques de Balsaín y de las arenas silicias de los pinares de la provincia.
Sin embargo, esta modesta fábrica todavía no podía satisfacer las necesidades suntuarias palaciegas, que precisarían importar productos franceses muy superiores en dimensiones y en calidad, por lo que en 1737 el rey impulsó la creación de una nueva fábrica de cristales planos, que, aparte de renovar utillaje y ampliar el horno, contaba con una rueda hidráulica como fuente de energía. Pero la incorporación de los maestros franceses Sibert y Boudein, a los que seguirían otros, permitió la creación de una fábrica de cristales tallados, y la llegada de varios maestros noruegos y, sobre todo, alemanes, supuso la creación de otra fábrica de cristales entrefinos, a las que se añadiría la apertura de un almacén general en la carrera de San Francisco de Madrid, orientado a atender la demanda de la Corte. En 1755 para afrontar dichos encargos, se construyó una segunda fábrica de entrefinos…
