Una verdadera fiesta de devoción, eso es lo que vivieron los fieles a la Virgen de El Henar, a su día y todas las costumbres que lo rodean. Después del emotivo novenario que llenó la iglesia durante todas sus jornadas y en las dos horas de misa establecidas, llegó el fin de semana de festividad que también dejó estampas de un paraje repleto de devotos.
La noche del sábado se tornó solemne gracias al Rosario de las Antorchas. La eucaristía anterior al rosario, ante cientos de devotos, consiguió llenar la nave central del Santuario, el coro y todos sus rincones. Seguidamente se inició este rosario que iluminan cientos de antorchas y que se caracteriza por el recogimiento y la reflexión entre oraciones y cantos. Una riada de luz que es una tradición ancestral y que los cuellaranos tienen arraigada volvió a marcar la mitad del mes de septiembre. El frío, también costumbre, marcó la noche, que tras una emocionante Salve cantada a la puerta del Santuario dio paso a la parte más popular. Churros y sardinas suceden al Rosario en la parte baja, en la chopera, y calientan los ánimos hasta la jornada siguiente, la de la Romería, la más esperada por fieles de muy diversos lugares.
Y así fue; el sol salió y aunque el calor no fue asfixiante como otros años porque más bien la temperatura fue fresca, permitió disfrutar del día a todos los que eligieron el paraje de El Henar como destino. Tras la misa de campaña celebrada en la pradera, la imagen se dispuso en la estructura de madera. En ella llevaban esperando y reservando su sitio varios fieles más de una hora. Acompañar a la Virgen justo a su lado es un lujo para el que muchos “luchan”, igual que el de tocar su manto o conseguir una flor. Así empezó una procesión en la que las dulzainas y tamboriles son fundamentales, como en todo acto de este tipo en Castilla. Jotas y más jotas parecían no tener fin en una procesión festiva que guarda momentos de mucha emoción y devoción. Entre el jolgorio siempre se contemplan fieles emocionados que acuden a dar gracias o renovar sus peticiones, y se entremezclan con el carácter festivo. Los niños también protagonizan la jornada acompañando a la Virgen. Subidos en la carroza, realizan un tramo ante la atenta mirada de sus familiares, que ya inculcan este hábito y esta devoción desde edades tempranas. Esta costumbre es la misma que destacaba el Padre Bocos en la visita de hace días del presidente de la Diputación; se interioriza esta fe hacia la Virgen de El Henar, la misma que se exterioriza años después acudiendo y transmitiendo esa devoción tan profunda a otros familiares. Es algo que pasa de padres a hijos.
Momentos como el cruce de la fuente de El Cirio y la lluvia de avellanas, los “¡Viva la Virgen de El Henar!”, los brazos en alto y la eterna lucha por acercarse a la imagen son la tónica en este día que congrega a miles y miles de fieles. Se estima que en torno a 40.000 son las personas que han colmado El Henar en una sola jornada, y a juzgar por la cantidad de vehículos, autobuses y personas, podría incluso quedarse corta. No decae, se mantiene o crece; la devoción por la Virgen de El Henar no entiende de fronteras ni de otras festividades que pueden solapar y eclipsar esta celebración. La Romería de El Henar se marca en el calendario y se acude, aunque sea solo a ver el ambiente, aunque la mayoría aprovecha para contemplar la imagen e incluso besarla en su camarín. La riada de antorchas del día anterior se convierte en devotos danzantes en unas horas, creando un ambiente inmejorable.
En la pradera, sillas y mesas de campo, tortillas y otros manjares, y una vuelta por los 215 puestos que llenan la chopera. Miles de personas disfrutan la jornada entre la fe y el encuentro familiar, esperando que al año siguiente no falte nadie y todos puedan volver a gritar: “¡Viva la Virgen de El Henar!, ¡viva!”.