Adiós a la fecha límite para el consumo de los yogures. El Gobierno ha eliminado la fecha de caducidad de estos productos, que pasarán a tener fecha de consumo preferente, según informó ayer el titular de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, que precisó que «se suprime la obligación de que los productos lácteos tengan fecha de caducidad» fijada 28 días después de su fabricación.
Durante la presentación de la Estrategia Más alimentos, menos desperdicio, que tratará de lograr reducir a la mitad la pérdida de comida en 2025, el ministro explicó que a partir de ahora será cada fabricante quien deba evaluar el tiempo razonable en que se puede consumir su yogur. Lo habitual en otros países de la UE es ampliar la fecha a 36 días.
A este respecto, Arias Cañete precisó que el Boletín oficial del Estado publicó el pasado viernes un Real Decreto por el que se deroga su anterior, de 2003, que establecía la fecha de caducidad. De este modo, los consumidores, a partir de ahora, sabrán que hasta la nueva data el yogur mantiene todas sus propiedades organolépticas, pero que a partir de entonces no significa que su consumo sea perjudicial. «No vamos a poner dos fechas (caducidad y consumo preferente) para volver loco al consumidor», añadió el popular.
Esta medida se enmarca en la línea de actuación que tratará de evitar el desperdicio de alimentos, que en España se eleva hasta los 7,7 millones de toneladas y que en todo el mundo supone un tercio de la producción mundial, según datos de la FAO.
Así, el país se sitúa en el sexto Estado que más comida tira de Europa, por detrás de Alemania (10,3 toneladas), Holanda (9,4); Francia (9); Polonia (8,9) e Italia (8,8).
En este sentido, el titular ministerial afirmó que «no hay consenso» en la UE de lo que significa desperdicio de alimentos, por lo que se ha abierto un período de tiempo para llegar a una conformidad antes de julio entre los Veintisiete.
La Estrategia contempla cinco grandes áreas de actuación que afectarán a las normas de las Administraciones públicas, a las empresas y operadores de la cadena alimentaria y a la sociedad en general, ya que se van a desarrollar actuaciones que contribuyan a impulsar un cambio de actitudes y sistemas de trabajo y gestión que permitan limitar la eliminación de estos productos, así como reducir las presiones ambientales encaminadas a lograr la participación de todos los sectores.
Con la puesta en marcha de este plan de actuación se cumple el compromiso del Parlamento Europeo que exigía a los Estados que tuvieran un programa en este sentido en 2013. Arias Cañete indicó que la Comisión estima que en el continente se pierden unos 89 millones de toneladas de alimentos al año, es decir 179 kilos por cada habitante. En términos globales, en la actualidad, entre el 30 y el 50 por ciento de la comida que está sana y es comestible se convierten en residuo.
Asimismo, subrayó que el mayor sobrante tiene lugar en los hogares, con un 42 por ciento, del que el 60 por ciento sería evitable; en los procesos de fabricación, un 39 por ciento; el 5 por ciento en la distribución y el 14 por ciento en la restauración y el cátering.
Sobre los restos en las familias, el 86,4 por ciento se debe a los alimentos sobrantes de las comidas; el 63,6 a productos deteriorados y el 28,5 son productos caducados.
Iniciativas
El Ejecutivo ha desglosado la Estrategia para reducir los desperdicios en cinco áreas, con el objetivo de llevar a cabo estudios sobre cada una de las líneas de actuación. Además, se divulgarán y promoverán buenas prácticas y se realizarán acciones de sensibilización, a través de medidas como, por ejemplo, la publicación de una guía de buenas prácticas para establecimientos minoristas y asociaciones de distribución o campañas de sensibilización, información y divulgación, o una página de Internet dirigida a promover la responsabilidad social.
Al mismo tiempo, dentro de este plan se analizarán los aspectos normativos y se revisarán los estándares de calidad aplicables tanto al aspecto exterior como el calibre y la forma.
Igualmente, se promoverán los acuerdos con otros agentes y se apoyarán los pactos voluntarios suscritos, y se desarrollará la colaboración con los bancos de alimentos, al tiempo que se impulsarán alianzas entre estos y las ONG y el sector agroalimentario.
Como «quinta gran actuación», Arias Cañete afirmó que las nuevas tecnologías deben permitir ser más eficaces en la lucha contra el desperdicio por lo que se promoverán trabajos para mejorar la eficiencia en el aprovechamiento de la comida y el impulso a líneas de ayudas para actos innovadores.
