La danza, una de las artes menos presentes en las nutridas programaciones culturales que ofrece la ciudad de Segovia, se convirtió ayer en protagonista, en primera bailarina, valga la metáfora, a través de una iniciativa que nace con vocación de futuro. ‘Segovia en danza’, un programa organizado por el Ayuntamiento de la capital en colaboración con el Instituto Universitario de Danza Alicia Alonso de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, llevó la danza a algunos de los lugares más bellos de la ciudad, junto a otros que aportaron un sabor especial, como la antigua Cárcel Provincial.
Alrededor de 120 bailarines, en su mayor parte aún estudiantes, aunque con un nivel técnico y artístico que ayer dejaron sobradamente acreditado, emocionaron a los numerosos espectadores que acudieron a las distintas actuaciones, concebidas como un recorrido en el que la danza y la belleza de la ciudad se complementaron de manera única.
En la mañana, el recorrido podía comenzarse, por ejemplo, en el patio de árboles del Torreón de Lozoya, por un día sede para la danza española en Segovia. Para abrir boca, el ‘Olé de la Curra’, una pieza representativa del ballet clásico español, la denominada Escuela bolera, y la “Vida breve” de Victoria Eugenia ‘Betty’, una coreografía emblemática de los años setenta, sobre la obra de Manuel de Falla. Y después dos muestras de las coreografías de los propios alumnos, que ya se atreven a llevar a la escena sus creaciones.
La Cárcel
Tras disfrutar del bello y acogedor marco del Torreón, el recorrido de la mañana podía continuarse en un rincón de belleza desgarrada, que en cada actividad desvela una y otra vez su especialísima atmósfera, como es la antigua Prisión Provincial. Dedicado por el Ayuntamiento a acoger lo más actual del arte, fue espacio en esta ocasión para la danza contemporánea.
Entre lo más destacado, la pieza “Geesl’s”, con música originalmente compuesta para esta coreografía por Isaac Herrera y la apertura con un texto de la escritora Marifé Santiago. La pieza parte de la escena de la Locura de “Giselle” y nos dejó la imborrable imagen de los tutús descendiendo, livianos e inmaculados, por una galería de celdas que nunca soñó albergar algo así.
También impactaron “Quasi una fantasía”, una obra sobre temas tan actuales como la violencia de género y el acoso; y sobre todo la angustiosa coreografía “El cubo”, un espacio que se va contrayendo y en el que sus habitantes van muriendo, cada vez más oprimidos, que resultó especialmente desgarrador en este espacio.
Ya por la tarde, el calor invitaba a buscar el frescor de la vegetación. Una buena opción era la que ofrecía la Alameda del Parral, en la zona de la presa junto a la Casa de la Moneda, donde fueron protagonistas la danza-teatro y, de nuevo, la danza contemporánea. Y ya en la zona, que mejor que proseguir el recorrido en el interior de la propia Casa de la Moneda, con una amplia oferta a lo largo de toda la tarde, en la que destacaron, piezas clásicas como varios momentos del “Cascanueces” de Petipa, pero también piezas contemporáneas, como “Si por mi fuera seguiría bailando”, una recreación de una de las escenas más famosas de “Fiebre del sábado noche”.
Nuestros pasos en busca del frescor y la naturaleza podían encaminarse también hacia los jardines de Los Zuloaga, en los que la oferta estuvo dominada por la danza teatro, desde un trabajo inspirado en una de las más conocidas obras de Shakespeare, “Macbeth”, a “¿Los jóvenes ni-ni?”, con una temática de lo más actual.
Y, optando por los Zuloaga, la propuesta se completaba en esta misma zona con tres espectáculos en el interior de la iglesia de San Juan de los Caballeros, incluyendo uno específicamente dirigido a los niños; titulado “Fábula del insomnio”, el montaje transcurre en la Corte de la Espuma, un mundo submarino en medio de un lago, en el que los peces sufren un maleficio que les impide conciliar el sueño desde hace ya mucho tiempo. Los más mayores pudieron ver después “De Lorca su Bernarda Alba”, que toma como referencia una de las obras más representativas del autor granadino.
El broche final, ya a las once de la noche, tuvo como escenario el Azoguejo, con el acompañamiento, difícil de igualar, del Acueducto, que sirvió como escenografía. En este espacio se desarrolló una gala a la que se sumaron varios bailarines profesionales y que permitió ver en un solo espectáculo distintos estilos de danza. Así, se abrió con danza española, se siguió con contemporánea y se llegó a la danza clásica, al ballet, con un pas de deux de “El lago de los cisnes”. Para terminar, el segundo acto de “Giselle”, una de las obras más conocidas y bailadas de toda la historia de la danza.