Ningún zamorano que se precie puede dejar de hacer gala del patrimonio histórico de Zamora y presumir de que la capital es la ciudad del mundo con mayor concentración de iglesias de ese estilo
No es ningún secreto que cualquier aficionado al arte se sale de sus casillas al tener tan al alcance de la mano semejante acumulación de templos magníficos pero, hasta hace cuatro años, resultaba difícil vender, en el mejor y más desarrollado de los sentidos, el concepto del Románico zamorano con mayúsculas, especialmente por el estado de conservación de algunas las de las iglesias.
La Consejería de Cultura, con consignas diseñadas desde la Dirección General de Patrimonio, estableció un entramado de colaboración con el Ayuntamiento, el Obispado de Zamora y la Fundación Rei Afonso Henriques para poner en marcha uno de los programas más ambiciosos y eficaces que ha conocido la ciudad: El proyecto cultural ‘Zamora Románica’, orientado a restaurar, conservar y divulgar el románico de la capital mediante una serie de actuaciones certeras en 22 iglesias y ermitas, además de los entornos y los bienes muebles de cada una.
Cuando quedan escasos meses para completar un proyecto que ya se amplió de tres a cuatro años, no es exagerado decir que ha cambiado la faz de Zamora y que ha conseguido que el arte románico de la ciudad haya impactado con fuerza dentro y fuera de España, por no mencionar el efecto inspirador que ha generado en los ciudadanos. «Cuando se puso en marcha el asunto, la Dirección General nos dijo que había que actuar en 22 iglesias del casco histórico, es decir, cuando empezamos a estudiarlas, sabíamos que no teníamos que coger el coche siquiera», explica el director del Proyecto Cultural ‘Zamora Románica’, Fernando Pérez. «Preferimos empezar por las más alejadas para ir poco a poco hacia el centro. Queremos cerrar, si es posible, con la de San Juan de Puerta Nueva, que está en la Plaza Mayor, por ser la más céntrica de todas y acabar en el corazón de Zamora», añade.
Una tras otra, en rápida sucesión, las intervenciones no han dejado indiferente a nadie, comenzando por los propios zamoranos, que han tenido la oportunidad de redescubrir edificios que ‘siempre han estado ahí’, sin saber lo mucho que ocultaban.
Hay múltiples ejemplos pero, seguramente, uno de los que más ha impresionado al ciudadano de a pie es el de Santiago del Burgo, templo ubicado en la calle Santa Clara, principal arteria de la ciudad y, por tanto, uno de los más contemplados de la capital.
A decenas de metros de altura, al amparo de los andamios que la recubrieron durante meses, la iglesia ofrece una perspectiva inusitada de sí misma y del propio centro de Zamora.
La restauración integral de ese monumento incluyó la consolidación estructural de los muros y la torre, la reposición de las cubiertas, la recuperación de tres ábsides hacia la nave y la recuperación de los niveles medievales, dejando a la vista prácticamente un metro de altura que jamás habían visto ni los más viejos del lugar. «Encontrar algo que no conoces y aparece siempre es grato para todos. La Junta tenía claro que nos encargaba la actuación en los edificios, en los bienes muebles, retablos, pinturas, esculturas; el entorno de los templos, y la labor de difusión de todas las actuaciones que se estaban emprendiendo», señaló Pérez. «He notado ese acercamiento de las personas a las iglesias, especialmente desde noviembre de 2011, cuando ha habido siete obras al mismo tiempo que se han mostrado al gran público, consiguiendo que la gente se subiera a los andamios y que se acercara a los templos», agrega.
