Con la ilusión pintada en la cara y los ojos bien abiertos para no perder detalle de una de las noches más importantes del año, miles de niños segovianos dieron ayer la bienvenida en las calles de la ciudad a Melchor, Gaspar y Baltasar, recién llegados de Oriente para visitar todos los hogares y hacer realidad los sueños de grandes y, sobre todo, pequeños.
Las buenas temperaturas, muy agradables para un mes de enero, convirtieron la cabalgata de ayer en una de las más multitudinarias que se recuerdan en la ciudad, con miles de personas a lo largo de todo el recorrido y concentraciones muy importantes en el Alcázar, la Catedral y el Azoguejo. Aunque el Ayuntamiento consideró muy aventurado hacer un cálculo, seguramente el número de espectadores superó los 20.000.
Con total puntualidad, cuando los últimos reflejos de sol aún se demoraban en el cielo, el Alcázar se convirtió un año más en el impresionante escenario de la llegada de Sus Majestades de Oriente a la vieja ciudad de Segovia. Luz, sonido y fuegos artificiales precedieron al primer gran momento de la noche, la aparición de los tres magos ante el Torreón de Juan II. Entre los aplausos de los niños, Melchor, Gaspar y Baltasar saludaron a los espectadores, para después abandonar la fortaleza y acercarse directamente a los niños que aguardaban en las primeras filas.
Eran las siete de la tarde cuando los cortejos, integrados por cerca de medio millar de personas y encabezados por los mágicos seres alados de la compañía italiana Teatro Pavana, se ponían en marcha. Sus Majestades, ya instalados en sus respectivas carrozas, iban acompañados por ángeles y estrellas, además de los necesarios pajes que se encargaron de repartir los caramelos (unos 1.500 kilos este año), portar los regalos y recoger las cartas de los niños más rezagados. Tampoco faltó en la recepción a los Reyes Magos la música, de la mano de la Orquestina del Valle, Revolada, Os Batucones, La Troupé de la Mercé y la Banda de la Unión Musical Segoviana.
Luces y dibujos
Tras abandonar el recinto del Alcázar, los cortejos tomaron la calle Daoiz para, pasando por la Plaza de la Merced y Marqués del Arco, llegar a la Plaza Mayor. Allí las protagonistas fueron la Catedral, iluminada con juegos de luces, y la caja de luz instalada en el kiosco de música, en el que se podían ver cerca de un millar de dibujos realizados por los niños segovianos.
El último tramo de la cabalgata discurrió, también con muchísimo público, entre la Plaza Mayor y la Plaza Oriental. Los primeros integrantes del cortejo atravesaban los arcos del Acueducto alrededor de las ocho y cinco de la noche y pocos minutos después eran los propios Reyes Magos los que eran recibidos, bajo los arcos romanos, por el alcalde de la ciudad, Pedro Arahuetes, en representación de todos los segovianos.
Minutos antes de las ocho y media, casi tres horas después de abandonar el Alcázar, Melchor, Gaspar y Baltasar empezaban a recibir a todos los niños que quisieron saludarles y recordarles personalmente sus deseos para la noche del 5 de enero. Después, unas horas de mágico trabajo para llegar a todos los hogares.
