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La vuelta del forajido honesto

por Redacción
29 de junio de 2011
en Nacional
El cineasta canario Mateo Gil habla de su último largometraje en la presentación del mismo ayer en Madrid. / Efe.

El cineasta canario Mateo Gil habla de su último largometraje en la presentación del mismo ayer en Madrid. / Efe.

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El realizador canario Mateo Gil rescata de entre los muertos a Butch Cassidy en Blackthorn, un reflexivo western protagonizado por Sam Shepard y Eduardo Noriega en el que el legendario forajido es una excusa para enfrentar a dos mundos distintos: el de los viejos y los nuevos valores.

Tras una notable carrera vinculada a Alejandro Amenábar, Mateo Gil vuela en solitario y muy alto en este filme que se estrena el viernes en España y en el que se distigue»la diferencia entre robar un banco y robar a sus trabajadores», explica en una entrevista.

Como punto de partida, la supuesta supervivencia de este bandido estadounidense tras ser dado por muerto en Bolivia en 1908. Pero lejos de la camaradería y el sentido del humor que presidían Dos hombres y un destino, la célebre película sobre las andanzas de Cassidy junto a Sundance Kid, Gil se sumerge en la contemplación, en un héroe cuyo último acto de valentía es renunciar a su identidad y refugiarse en el seudónimo de James Blackthorn.

«La cinta es la mirada de Butch Cassidy hacia un mundo viejo que ya no existe. Después de haberse encerrado en Bolivia, sale y se encuentra con códigos y valores diferentes, pero él quiere preservar su propia mirada dentro de sí», argumenta sobre su protagonista.

Gil, tras el thriller Nadie conoce a nadie, vira ahora hacia un sincero y sostenido homenaje al western en el que también rescata al actor Stephen Rea.

El cineasta canario no acaba de entender esa etiqueta de crepuscular que se da un western algo nostálgico y con aroma de epitafio. «Es verdad que hay otros más épicos o más revisionistas, pero creo que el western siempre ha sido crepuscular. Quizá este tiene muy presente esa sensación de paso del tiempo», aclara quien, a sus 38 años, confiesa que mamó muchas películas del oeste en la televisión y está «empapado de cine estadounidense».

Para levantar este proyecto, además de basarse en el parco pero filosófico guión de Miguel Barros, el pilar fundamental fue la figura de Sam Shepard, mito viviente de la cultura norteamericana que se acerca a este inédito Butch Cassidy hasta crear una suerte de alter ego. «Se ha extendido la idea de que Shepard es peculiar o complicado, pero eso se debe a que es muy esquivo con la prensa. Él es muy estadounidense y yo muy europeo, muy mediterráneo, por eso se estableció cierta distancia. Pero es alguien admirable, que antes de rodar el largometraje se fue tres meses solo a Bolivia, rodeado de gente que no hablaba su idioma», narra Gil.

El carisma, la voz y la curtida faz de quien escribiera títulos fundamentales del cine como París, Texas, recibiera el premio Pulitzer por su pieza teatral Buried Child y fuera nominado al Oscar como actor por Elegidos para la gloria, se funde también con un tercer protagonista, el paisaje, que se integra de manera orgánica en el espíritu de Blackthorn.

Con el sol de justicia de rigor refulgiendo todavía más sobre el altiplano boliviano y el salar de Uyuni, Gil crea espectaculares planos en aquellas localizaciones que el guionista encontró cuando preparaba un infructuoso documental en el país latinoamericano. «Una de las premisas del filme era cómo Latinoamérica, cuando EEUU empezó a ser dueño de absolutamente todo, se convirtió en territorio fronterizo en el que se refugiaron muchos forajidos», comenta Gil.

Pasado y presente.– «Blackthorn tiene la intención de homenajear a una época, a unos valores olvidados», explica Gil, quien utiliza como contrapunto al truhán de medio pelo que encarna Noriega y que representa esos nuevos ideales del hombre que quiere medrar a toda costa y que regulan las relaciones socioeconómicas en una actualidad donde la picaresca se ha institucionalizado bajo el nombre de corrupción.

«Quiere ser un bandido, pero sin darse cuenta tiene unos valores morales inconscientes muy distintos. Es una historia de hace 100 años, pero no deja de estar vigente, porque la película habla de algo aplicable a la crisis», asegura el director.

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