Diez bicicletas del servicio público municipal BiciMad, 128 gramos de cocaína, pequeñas cantidades de hachís, una planta de marihuana y sustancias alucinógenas, una carabina y 25 perros —muchos de razas peligrosas dedicados a peleas de canes— fue parte del material requisado ayer por la Policía Nacional durante el desalojo en Madrid del antiguo colegio mayor San Juan Evangelista, más conocido como el ‘Johnny’.
En una rueda de prensa celebrada en la Jefatura Superior de la Policía de Madrid, la delegada del Gobierno, Concepción Dancuasa, y el jefe superior de la Policía, Anfonso José Fernández Díez, explicaron que se había detenido a 84 personas en la operación, 80 por conculcar la Ley de Extranjería (muchos de ellos con órdenes de expulsión de España) y cuatro más por requisitorias judiciales pendientes, dos de ellos por delitos contra la propiedad, aunque no se descarta que se produjeran más detenciones.
El desalojo comenzó en torno a las seis de la mañana de ayer, cuando se trasladó hasta la zona un amplísimo despliegue policial, llegado en gran parte desde el complejo de Moratalaz. Concretamente, unos 40 furgones con 600 agentes formados por equipos multidisciplinares y todos provistos de mascarillas, debido al nauseabundo olor que desprendía algunas de las habitaciones.
Participaron policías de la Unidad de Intervención Policial (UIP), Unidad de Prevención y Reacción (UPR), brigadas de Seguridad, de Extranjería, Policía Judicial, Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas (GOIT), Guías Caninos, la unidad de Caballería, un helicóptero y también un operativo de los Grupos Especiales Operativos (GEO), en preventivo, ya que no tuvo que actuar.
Y es que, según explicó la delegada del Gobierno, el desalojo de las seis plantas del colegio fue pacífico, fruto de la resolución judicial del Juzgado número 12 de Madrid fechada el 2 de noviembre. No obstante, los ocupantes no abrieron voluntariamente las puertas, que tuvieron que ser derribadas por los agentes.
La Policía identificó, sin apenas resistencia, a 310 personas, algunas de ellas extranjeras, sobre todo subsaharianos, que eran los que últimamente vivían en las instalaciones, que fueron desplazando poco a poco a los primeros ‘okupas’, allá por septiembre de 2014, que eran mayoritariamente españoles ‘antisistema’.
Entre los identificados se encontraba una familia con un bebé de 7 meses, que fue derivada al Samur Social. También vivía un menor en desamparo fugado de un centro de menores. Además, otra persona de 39 años sufrió una crisis asmática durante la intervención policial y tuvo que ser atendida por los médicos.
Los más de 300 desalojados vivían repartidos entre las seis plantas del basto edificio. Incluso los agentes descubrieron que cinco personas vivían en un habitáculo montado en la conocida piscina del ‘Johnny’, frecuentada por muchos universitarios hace años. Por otro lado, el auditorio, muy conocido por albergar el festival de flamenco, estaba lleno de excrementos de perros.
En las instalaciones apenas había muebles ni enseres. Los ‘okupas’ se habían llevado en un primer momento todos los electrodomésticos, ordenadores, televisiones, muebles, mesas y elementos metálicos y de cobre de todo tipo. Sin embargo, sí disponían de luz eléctrica de manera totalmente gratuita, ya que la seguía pagando la Unidad de Complutense, propietaria del inmueble. Los okupas ‘trapicheaban’ con pequeñas cantidades de droga. Otros alquilaban las habitaciones a personas externas a los residentes.
