Rajoy ejerció, por segunda vez de modo oficial, de anfitrión de Pérez Rubalcaba. / Reuters
El fútbol venció ayer a la política, pues poco antes de las 22,00 horas, finalizó la esperadísima reunión entre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, de la que al cierre de esta edición apenas se tenían detalles. Y es que las previsibles ruedas de prensa de ambos líderes quedaron sorprendentemente anuladas debido a que empezaba la final de la Copa del Rey entre el FC Barcelona y el Athletic de Bilbao. Curiosamente, ambos políticos son declarados y fervientes madridistas, por lo que tampoco tenían muchos motivos para cortar tan trascendental cita.
De una forma muy somera, casi telegráfica, se pudo saber que los dos líderes piensan acometer en breve, durante el próximo mes, las reformas del Tribunal Constitucional, del de Cuentas y del Defensor del Pueblo -no se mencionó el espinoso tema de RTVE, punto de fricción entre socialistas y populares-, y acordaron mantener contactos periódicos para analizar la situación europea e intentar que España hable con una sola voz ante la próxima cumbre de junio.
La cita entre el coruñés y el cántabro terminó después de casi tres horas, según informaron fuentes de La Moncloa. Tras la suspensión de las comparecencias de los dos mandatarios, se envió una nota a los medios donde se les conminaba a esperar que los respectivos equipos de comunicación enviaran una nota informativa sobre esta reunión, la segunda que mantienen de manera oficial.
Sintomático resultó que la prioridad en la agenda del día no la tuviera el jefe de Ferraz sino el portavoz de CiU en el Congreso, José Antonio Durán i Lleida, que fue despachado en poco más de una hora habiendo quedado a una hora muy taurina -valga la fina ironía-: las cinco de la tarde.
Marginación
Quizás formaba parte esto de la estrategia de Génova: por un lado, se concedía el honor a los catalanes, que ayer alzaron demasiado la voz por boca de su presidente, Artur Mas, y por otro, se suministraban a los medios de comunicación jugosos titulares con los que decorar sus portadas, boletines e informativos. Además, aunque ya habría que ser un poco retorcido, se marginaba un poco más a Pérez Rubalcaba, que no había dejado de castigar a su enemigo en las últimas semanas, especialmente en ésta, en la que le llegó a tachar de «soberbio».
Posiblemente en Génova no se imaginaban que el huésped de la pasada tarde iba a atacar con dureza a su contrincante, ya que por la mañana, el equipo del de Solares llegó a acusar directamente a La Moncloa de utilizar a los pesqueros de Algeciras para declararle una guerra mediática a Gibraltar y a Londres y enmascarar la crítica situación que sume al país en una situación casi desesperada.
Al final, como era de esperar, buenas caras, y mejor foto, sobre todo las del recibimiento en el Palacio, si bien no se puede hablar, ni mucho menos de tregua, por los movimientos que se están haciendo desde una y otra acera.
Asimismo, es de destacar que el equipo de comunicación de Ferraz fue mucho más rápido que el gubernamental, algo que quizás refleje a las claras parte de los fallos del Ejecutivo central que, según muchos analistas, no sabe venderse. Así, según la versión del grupo progresista, se acordó crear una comisión de trabajo para analizar posibles reformas de la Administración pública para hacerla más eficaz. También se ha acordado dar luz verde a un posible pacto que dé lugar a un decreto-ley de reforma financiera. Tienen una semana escasa para ponerse de acuerdo, algo que parece difícil.