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CONVERSACIONES CON...
«Nunca vi bien hacerse de un partido para tener un buen puesto»
Entrevista a CARMEN MUÑOZ GARCÍA (Santa María de Nieva, 1933).
Teresa Sanz Tejedor - Segovia | 04/03/2017
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  Carmen Muñoz en su domicilio de Santa María.

Ha sido la primera mujer en la Región en desempeñar el más alto cargo administrativo: Jefa de gestión parlamentaria de las Cortes de Castilla y León durante 20 años. Profesora universitaria en la Complutense y secretaria general del Colegio universitario Domingo de Soto, fue la candidata nº 3 al Congreso por UCD en 1977. Alcaldesa independiente de Santa María de Nieva, el suyo fue el primer Ayuntamiento que se adhirió al proceso autonómico de Castilla y León.

— ¿Cómo llegó a la candidatura de las primeras elecciones democráticas el 15 de junio de 1977?
— Me llevó Julio Nieves Borrego que sería elegido senador. Había sido mi profesor de Derecho Fiscal y debió pensar que tenía cierta facultad para pensar por mí misma, porque habíamos debatido mucho. Un día, después de clase, me contó que iban a formar una candidatura de independientes con Adolfo Suárez. Me explicó que era un conglomerado de partidos en el que todos éramos independientes y que la encabezaría Modesto Fraile y estaría Carlos Gila, que como médico e hijo de médico era un hombre muy conocido. Fue una candidatura compacta, con los senadores Rafael Calvo Ortega; Julio Nieves Borrego y Luciano Sánchez Reus, que había sido alcalde de Segovia. Los absolutamente desconocidos éramos Calvo Ortega y yo. Nieves Borrego me pidió que fuera de tercera, aunque sabía que no era un buen puesto. Dije que no me interesaba nada, pero me habló de Rafael Calvo Ortega diciéndome que era una persona que había hecho la carrera, como yo, de forma brillante y con muchísimo trabajo y esfuerzo y que tenía una cabeza privilegiada. Me pidió que aceptara y lo hice aunque no estaba nada entusiasmada.
— ¿Cómo fue la campaña electoral?.
— Fueron quince días de campaña ingenua y llena de ilusión. Recorrimos la provincia dando mítines en los pueblos, sin programa determinado, hablando de lo que cada uno creía importante. El primer mitin fue en Escalona del Prado por ser el centro de la provincia y su metáfora del centro político que representábamos. Pregunté de qué había que hablar y me dijeron: 'de lo que se te ocurra' y así lo hice.
— ¿Y de qué hablaba?
— De algo que había debatido en Derecho Laboral y que me parecía un asunto esencial: los derechos de la mujer. O sea; de los que no tenía. Pensaba que la mujer no disfrutaba de ningún derecho. Era mi propia experiencia: la mujer se pasaba el día trabajando para todo el mundo y nunca cobraba una pensión por sí misma, salvo que fuera la del marido. La mujer beneficiaba a la sociedad y no recibía nada a cambio. Debió llamar la atención y ese tema luego tuvo mucho éxito. También hablé del aborto, insistiendo que había que diferenciar la ley penal de la ley religiosa. El aborto es un pecado, pero puede no ser un delito y no se deben mezclar los ámbitos: Por el hecho de que la Ley no te meta en la cárcel no quiere decir que no puedas ir al infierno, pero son cuestiones diferentes.
Mi forma de hablar tuvo éxito, porque era muy directa. Políticamente no había preparado nada, pero tenía mi formación y hablaba de forma natural, como le pasaba a Calvo Ortega: la gente nos entendía. Fuimos juntos a muchos mítines y coincidíamos en muchos planteamientos: ninguno teníamos experiencia política, pero sabíamos lo que queríamos decir y lo que nos gustaría poder hacer por la sociedad y nuestro país.
— No salir diputada ¿le supuso un fracaso?.
— No, porque no había ido con ninguna pretensión y no consideraba, honestamente, estar a la altura.
— Su oponente, Luis Solana, ¿le parecía más brillante?.
— Nunca le oí personalmente, porque nosotros estábamos a lo nuestro. Las encuestas nos daban los tres diputados, como sucedió en Ávila, y de hecho nos quedamos a mil votos. A Luis Solana no le conocí hasta que fui alcalde de Santa María y debatí con él sobre la autonomía de las comunidades y la adhesión de Segovia a Castilla y León. No me pareció mal que saliera, porque yo no me consideraba preparada. Me disgustó más que cuando ganaron mis compañeros y Calvo Sotelo, — que dirigía el entramado electoral porque Adolfo Suárez estaba en la presidencia —, mandó un telegrama de felicitación y agradecimiento a los que habían sacado escaño, pero no se acordó de los que habíamos luchado por la candidatura. Aquello no me gustó y lo dije. Recuerdo que mis compañeros me dieron la razón y para resarcirme del feo de Calvo Sotelo, se pusieron de acuerdo para regalarme un reloj de recuerdo.
— ¿Fue el motivo de su distanciamiento con la UCD?.
— El distanciamiento se produjo cuando se formaron ya el Congreso y el Senado y vi que se acaparaban los puestos, todos bien remunerados. Eso no iba con mi criterio. Un día vino Modesto Fraile y me dijo: 'le podemos decir a Adolfo Suárez que te haga gobernadora de Ávila y así tienes un puesto como es debido'. Lo rechacé porque no me parecía bien. Modesto me dijo que me equivocaba; me recordó que él había sido gobernador civil y creía que yo podía hacerlo bien. Luego, vino Carlos Gila al colegio universitario, donde era la secretaria general, y me propuso ser delegada de Cultura y tampoco lo vi claro. Mi pensamiento ha sido siempre autónomo y era incapaz de someterme a la disciplina de un partido. No creía que porque hubiera hecho campaña y no hubiera salido, nadie tuviera que darme un puesto; sí las gracias, pero lo de hacerse del partido para tener un buen puesto, no lo veía bien.
— ¿Nunca llegó a militar en la UCD?.
— Nunca; ni en la UCD ni en ningún otro partido. Siempre he sido autónoma.

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