El Adelantado de Segovia
Segovia, miercoles 26-11-2014 h.

Estás en El Adelantado de Segovia :: Portada > Blogs > El coleccionista
usuario:  
contraseña:
registrar recordar contraseña

El coleccionista | por Marcos Borregón
foto
¡¡Pincha Aquí!!
Blogs
  BLOGS
Desde los Mares del Sur
foto por Pedro  Montero de Frutos
19/11/2014
MILLION DOLLAR POINT
Paseando comentarios
foto por Juan Carlos  Manrique Arribas
14/11/2014
Condición física y salud
      Ver más Blogs
  Encuesta
¿Considera que el Agente Tutor será una figura efectiva en la prevención del consumo de drogas y vandalismo entre los jóvenes?
Sí.  No.  N.s./n.c.  
  SMS
      Ver más
sábado, 02 de febrero de 2013

Bishal, Farin, Rinki, Sunny, Jon, Pritti, Rakesh, Pinkie, Abisek... así hasta cerca de 100 alumnos. Me gustaría tanto que vieran sus caras cuando recibían la ovación del pú blico en pie al final del festival de danzas Tara que hemos organizado en un teatro del centro de la ciudad. Me gustaría tanto que entendieran lo que ha supuesto para nuestros alumnos y alumnas culminar un año de esfuerzos, ensayos e ilusiones, una pequeña gran historia de superación, un día, que como decía mi querida amiga Natalia, presidenta de Amigos de Tara y alma mater de todo este precioso "sarao", la esperanza dice sí y parece que todo es posible.

Durante el trayecto en autobús desde el barrio ya varios de los niños y niñas se marearon, quizás por nervios, pero también quizás porque apenas montan en coche una o dos veces al año. Y, a pesar de eso o precisamente por ello, cuando bajaron del autobús lo hacían dispuestos a darlo todo.

Uno de los alumnos mas talentosos de la escuela me decía por la mañana que ojalá hubiera más de mil personas para poder alegrarles con su actuación, por la noche cuando el telón había bajado y volvían a su humilde barrio lloraba de alegría sin parar mientras no paraba de agradecer la experiencia y la oportunidad. La emoción nos invadía a todos y lo mismo nos contagiábamos con el llanto que con los gritos y las risas.

Especialmente intenso fue el cierre de la actuación, con la puesta en escena de una coreografía de baile callejero preparada especialmente por los alumnos, llena de acrobacias y breakdance. Toda una metáfora de la superación que día a día enfrentan estos chavales y como con las herramientas, la atención y el cariño adecuados son muy capaces de superar los límites que por economía y condición social se les supone.

Me siento tan afortunado cada vez que paso tiempo con estos chavales... Qué privilegio contagiarse de su pasión por la vida, qué grandes lecciones aprendemos unos al lado de los otros. Nada de quejas, nada de autocompasión, gratitud, humildad, tan solo ganas de conocer, afán de superación, no solo por fuera, sino principalmente por dentro y sobre todo el sentido de responsabilidad sobre nuestros actos.

Espero poder mostrarles en breve algunas imágenes que completen este relato, hoy no me deja la máquina.

Gracias por estar ahí

Más información en la web y en el facebook de la Asociación.

domingo, 27 de enero de 2013

Probablemente sea buena idea llegar a Calcuta  a las cuatro de la mañana, como tomándolo en minúsculas dosis homeopáticas hasta que los ojos, la mente y el corazón se acostumbren. 

¿Más limpia? Puede ser. ¿Menos gente durmiendo en las calles? Quizás. También el invierno local, que tanto temen aquí, les empuja a encontrar cobijo mas allá de las aceras.

Sea como fuere continúa el cambio en mi querida Calcuta, ruidosa, superpoblada, moderna, sí, moderna a su manera, pero también cubierta de polvo y miseria, bestia en los contrastes. Ahí va una imagen que puede ilustrar mejor esta ciudad imposible como a veces la he llamado yo:

Una amplia acera con adoquines levantados, un perro rijoso se rasca el lomo lleno de sarna mientras hurga en las pilas de basura, a su lado una cabra blanquinegra atada a una señal de tráfico espera su turno en alguna mesa con posibles, decenas de frenéticos viandantes regresan a sus casas, un puesto callejero de comida desprende un olor tan fuerte a picante que me hace toser como si me lo hubiera comido, un par de metros más allá, en el suelo sobre una roña que hace años fue manta un hombre de edad indefinida entre los 60 y los 100 años yace tumbado boca arriba con las rodillas dobladas, en su regazo un móvil de ultima generación en el que ve una película de Bolliwood.

Se cierra la imagen, esa es la Calcuta extraña, compleja y desconcertante que me recibe en esta ocasión. Mientras en mi oasis particular de la escuela Tara con la que colaboro desde hace años los preparativos para el festival de danzas ocupa a estudiantes, profesores y voluntarios por igual.

Hemos alquilado uno de los teatros más importantes de la ciudad donde pretendemos poner de largo a la asociación frente a la sociedad india. Poemas, danzas tribales, folclore indio y por supuesto bailes al más puro estilo Bolliwood de las manos y los pies de nuestro alumnos y alumnas. Quizá no pasemos el examen de los coreógrafos más exigentes, pero la dedicación y entusiasmo de todos compensa cada paso mal dado, cada nota desafinada. Está siendo una experiencia maravillosa y un proceso de lo más enriquecedor para todos los que participamos.

Son apenas cinco kilómetros los que separan  nuestra escuela en un barrio lleno de dificultades y miseria del centro cultural mas notable de la ciudad, pero nos ha llevado ocho años recorrer esa distancia.

Mañana ensayo general, prueba de vestuario y maquillaje, seguiremos con los nervios, la pegada de carteles, y la ilusión y la sonrisa perennes en la cara, aunque nos tiraran tomates (cosa que aquí no harán por muchas razones) el viaje sigue mereciendo todos los esfuerzos.

Permanezcan con nosotros, iré informando

Gracias por estar ahí.

Más info en www.amigosdetara.org

jueves, 24 de mayo de 2012

En el Laboratorio de Creatividad Ciudadana estamos haciendo una película documental colectiva con la mirada de muuuchos habitantes de la ciudad.

Aquí vamos colgando algunos "retratos" de los participantes, os dejo un botón de muestra.

El 7 de julio será el estreno del proyecto en la noche de luna llena.

Os espero a todos, pondremos falta.

 

sábado, 19 de noviembre de 2011

Es mi último día en la escuela, y no se muy bien cómo he acabado dando una clase de inglés para los alumnos de séptimo. Es la primera vez en cuatro años que lo hago, y aunque el nivel es bastante básico hay que verse ahí frente a veinticinco pares de ojos con más curiosidad que ganas de aprender preposiciones, así que he recurrido a un juego de preguntas y respuestas, en el que con un poco de suerte se aprendan alguna palabra, nos conozcamos un poco más y, sobre todo, nos divirtamos.

Después de recorrer el abanico, de nombre, edad, color favorito, música preferida y si estoy casado o no, hemos recalado en el recurrente mundo de las profesiones: “¿qué queréis ser cuando seáis mayores?” Les he explicado lo que hago yo en España y lo cierto es que me ha costado más de lo que imaginaba, no por la limitación del idioma si no porque a veces yo mismo tampoco lo tengo claro o si lo que hago tiene algún sentido en absoluto. Cuando ha llegado su turno hemos repasado los lugares comunes de unos adolescentes típicos, donde abundan las bailarinas, los futbolistas y las maestras de escuela (de la Escuela Tara por supuesto) algún médico, algún ingeniero, dos pintoras y un trabajador social. "¿Trabajador social?", he preguntado al niño que me ha dado esa respuesta. Sunny se ha levantado del pupitre y ha repetido con decisión "Social Worker", mientras pensaba a toda prisa si yo a su edad entendía siquiera lo que es un trabajador social he soltado un sincero "preciosa profesión" y antes de poder asaltar las comidas o las películas favoritas ha sonado la campana que me liberaba de la tribuna.

A Sunny le conozco desde hace seis años. Es de los pata negra que están en la escuela desde el primer día, un niño oscuro de tez, con ojos muy vivos, sonrisa de malote guapo y bastante aplicado por lo que me cuenta la directora. Es otro de los que fija tu mirada y recuerdas de visita en visita. Hace dos años se marco un memorable baile bolliwoodiense en uno de los festivales anuales que puso en pie a todo el colegio, mucho movimiento sexy de caderas a lo Travolta, ya me entienden.

Ha querido la casualidad que luego me sentara a conversar con Rehana, la directora del colegio (y una trabajadora social de la cabeza a los pies) sobre el tiempo que llevamos haciendo lo que hacemos aquí en Calcuta, reflexiones sobre nuestro trabajo y sobre los logros conseguidos. Me contaba cómo se sentía orgullosa por encima de todo de que los alumnos confiaran en nosotros, que hubieran encontrado un segundo hogar, o primero en muchas ocasiones, como además de lo académico nos interesábamos por el resto de sus circunstancias, me iba poniendo ejemplos para mostrar cómo detrás de cada alumno más o menos sonriente de la escuela hay historias de maltratos, abandonos, penurias, bodas infantiles y un largo etcétera que dan un valor especial a lo que significa el colegio en este entorno.

Sunny es de una aldea a muchas horas de Calcuta, vivía en el barrio con unos tíos ya que su padre esta impedido por una elefantiasis en las piernas y su madre tiene problemas mentales, los tíos no le soportaban demasiado, pero las familias aquí tienden a apoyarse. A cambio Sunny tenía que trabajar de vez en cuando en la tienda de la familia. Un día la cuerda se tensó más de lo habitual y acusaron a Sunny de haber robado dinero, cuestión ésta que él negaba entre llantos. El tío le comunicó que tenía que irse al pueblo, ya que su padre estaba muy enfermo, Sunny se olía algo y se lo contó todo a la directora, esta le dijo que no se preocupara, iría al pueblo y luego de una semana volvería para continuar sus estudios. A los pocos días el niño llaóo llorando a Rehana para decirle que su padre no le pasaba nada nuevo y que querían dejarle en una escuela del pueblo donde no tenía ni clase de su curso y casi ni profesores.

Llorando, llorando y con la intercesión de Rehana consiguió la promesa de su tío de traerle de vuelta a Calcuta. "Esta noche cojo el tren, no podré llegar a clase a las 8, pero creo que a segunda hora será posible" decía emocionado Sunny. Rehana le replicó que podía llegar a las diez, que se refrescara y asease antes de venir, que el colegio no se iba a mover.
Llegaron las diez y las once y las doce de la mañana siguiente y el niño no aparecía. Pasó una semana de preocupación en La Escuela Tara, ya que nadie de la familia daba razón de Sunny, y de nuevo sonó el teléfono de Rehana. Sunny de nuevo entre llantos explicó a su directora y amiga que su tío le había engañado de nuevo, le convenció de no coger el tren ya que el viajaba en coche también a Calcuta y podía viajar con él. Y viajó. Pero a otra ciudad y hasta otro estado, allí lo metió a trabajar en una fábrica metalúrgica en régimen de semiesclavitud porque decía que era hora de ayudar a la familia. Todo sonaba muy Dickens, Oliver Twist, pero con Masala. Sunny dejó de comer y lloraba todo el día contándole su historia a quien le quisiera escuchar: hay un colegio en Calcuta donde me quieren y donde puedo estudiar y donde soy feliz.
Pasaban los días hasta que alguien se compadeció de él y le permitió hacer la llamada. Rehana convenció a ese mismo hombre para que le prestara el dinero para el billete y esta vez sí logró volver a casa. Rehana le consiguió acomodo en una residencia de Don Bosco, con quien colaboramos a menudo y donde es un niño feliz y ejemplar.
Esto que les cuento sucedió hace tan solo tres semanas y si me paro a pensar en un futuro trabajador social no se me ocurre uno mejor que este bailongo de trece años a quien nadie tendrá que enseñarle lo que significa el lado salvaje de la vida. 
Gracias por estar ahí. Sean felices.

martes, 15 de noviembre de 2011

Cuando no has llegado todavía Calcuta es inimaginable
cuando ya estas aquí te das cuenta que además es una ciudad imposible.
Coge vacas, taxis, perros, cuervos, ricsaw, todo ello en cantidades de seis cifras para arriba, súmale millones de personas, muchos, con sus ricos, su clase media emergente haciendo colas para pedir préstamo en los bancos, sus pobres y sus miserables, añádele miles de pisos de nueva construcción, remueve sin orden ni concierto, espolvorea polvo, basura y bocinazos sin medida, ponle mosquitos, indios malcarados, niños sonrientes, musulmanas con velo, tullidos, familias durmiendo en la acera, pon un policía con bigote en cada esquina que mueva la mano y mire el trafico como las vacas al tren, unos cuantos socavones, toneladas de hormigón, asfalto, dióxido de carbono y plomo de la gasolina sin refinar, que no falten vallas publicitarias made in Bollybood que recuerda que todo es de película, diez o veinte centros comerciales propios de Nueva York y una Escuela Tara.
Planazo de vacaciones se podría pensar, pero no se dejen engañar los las primeras impresiones, son solo eso, impresiones.
Es mi cuarta visita a Calcuta, y cada vez que llego me cuesta dos o tres días entender porque estoy aquí. Ayer fue El Día de los Niños, una festividad lectiva que se celebra en toda India y que viene a ser un reconocimiento del derecho de los niños a la infancia y a la educación, pudiera parecer una redundancia pero seguro que entienden y saben que hay millones de niños sin infancia, aunque los que nos ocupan hoy la tienen y están vivos, vibrantes y llenos de esperanza. Organizaron un festival con actuaciones musicales, canto y baile, recitación de poesía, concurso de dibujo rápido, demostración de yoga y hasta una tamborrada con elementos que normalmente los mayores tiramos a la basura, como se encargo de explicar uno de los componentes de la banda, al evento en honor a un famoso programa de talentos en televisión y a  Amigos de Tara lo llamaron "Amigos Talent" y nos llevo tres horas de la mañana en que no paré de sonreír ni un momento. Es muy emocionante observar cómo se quieren estos alumnos y estos profesores, un vínculo muy especial que ahora que he pasado unas semanas con profesores españoles aprecio todavía mas.
El curso pasado se graduó la primera promoción de la Escuela Tara en Calcuta, siete años en los que he visto cómo los niños espigaban y las niñas empollinaban, incipientes bigotillos adolescentes, acné juvenil y los primeros sujetadores, además esa extraña y atávica pretensión exterior de ser princesas ellas y golfillos de barrio ellos, pero es sólo otra primera impresión equivocada, hablando con ellos en profundidad y preguntando, cómo hacia Eric Fromm con sus pacientes, como se veían a si mismos dentro de diez años, me he deleitado escuchando una y otra vez que lo que quieren ser es buenas personas, que la gente pueda señalares y decir ahí va alguien que ayuda a los demás, alguien que respeta y en quien puedes confiar, y vale que quizás la pregunta vicia la respuesta y que la vida les pondrá en su sitio y les enfrentará a miles de problemas, pero con mimbres así me parece a mi que es mas fácil hacer el cesto, además de problemas ya saben más que la mayoría de nosotros en toda una vida.
Para los que colaboramos con Amigos de Tara es muy gratificante observar los primeros resultados de largo recorrido, estos adolescentes que en su inmensa mayoría continúan sus estudios con éxito en otras escuelas y que sin dudar un instante dicen ser alumnos de octavo de la Escuela Tara aunque nosotros solo tenemos hasta séptimo curso, eso sin contar el ejemplo tan bueno que personifican para las clases que les siguen ya que es habitual encontrarles por el colegio con un uniforme distinto del de la escuela ayudando en su tiempo libre a los profesores o jugando con los mas pequeños. Una de esas estudiantes me decía "no se te ocurra poner que ya no somos alumnos de la Escuela Tara, eso nunca, yo no sabía lo que eran los amigos hasta que llegué a este colegio, ¿cómo podría no seguir aquí para siempre?"
En esta ocasión he cambiado la cámara de vídeo por la de fotos, una analógica muy viejita, viejísima para los estándares actuales, que me regalo mi tía Merche, como sé que le gustaría estar aquí, igual que a muchos de ustedes, es por lo que estoy documentando fotográficamente los proyecto para que podamos compartir así las cosas con corazón, aunque sean desde el lado mas duro de la vida.

Todos los artículos >>  
     Contacto   |   Aviso Legal   |   RSS RSS
 |  © El Adelantado de Segovia 2014  |  Diseño: Globales Internet |  Asesoramiento 2.0: Iberzal.com |