El Adelantado de Segovia
Segovia, miercoles 22-05-2013 h.

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De Las Lomas a Los Andes | por Eloy  García Polo
foto Montañas, gentes, dioses, piedras, cielos azules, tierras peladas, rutas empedradas, salares, ríos ruidosos, volcanes de colores, minas esquilmadas... todo esto son los Andes en Perú y Bolivia. Pero también son trenes eternos, carreteras de susto, diarreas traidoras, rostros amables, historias humanas, movidas sociales, frío helador en pleno verano. Queremos contar un poco de todo esto.
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viernes, 27 de julio de 2012

Día 26 de julio

 

Volvemos a casa por Atlanta (USA). Son cosas de la política de precios de las Compañías. Unas horas en suelo americano son suficientes para comprobar otra vez la prepotencia y chulería de sus oficiales de aduanas. Algunos llegan a ser correctos, pero nunca amables. Esto es el Imperio y así son sus manifestaciones para con los súbditos, que no ciudadanos. Para más inri, casi todos los oficiales son de color (o afroamericanos) porque siempre sucede que quienes han sufrido el peso del poder son los peores para ejercerlo. Funcionan como auténticos perros de presa. Luego se preguntan  por qué el mundo no los quiere.

Volvemos de una tierra de dioses, que ejercieron su poder y se cobraron sus tributos. Los dioses siempre han requerido oro y sacrificios. Los Incas cumplían fielmente. Después los dioses de los conquistadores saciaron también su hambre de oro y nuevos sacrificios, con la inmolación de miles de indios en las minas. Volvemos a Europa y allí tenemos dioses diferentes, pero sus exigencias son las mismas. Ahora a estos dioses los llamamos “los mercados” y exigen nuevamente lo que siempre han exigido los dioses : oro y sacrificios. Para calmar a los mercados, como los Incas para calmar la furia de los volcanes, nuestros políticos tienen que poner sobre la mesa más oro ( y lo están poniendo) y más sacrificios (nosotros somos los sacrificados). Nada cambia, la historia se repite. Pero igual que sabemos que la furia del volcán tenía su propia dinámica, igual sabemos que la ira de los mercados, después de tres años de ofrendas de oro y sacrificios, tampoco se aplaca porque tiene su propia dinámica.

Las noticias sobre España son las mismas que cuando partimos, que eran la mismas que dos meses atrás, iguales a las predicciones de  cataclismo de hace unos meses y exactamente idénticas al verano zapateril de 2011. ¿Qué ocurre entonces?. Supongo que queda bastante claro que están haciendo muy mal las cosas. Después de grandes ajustes, reformas estructurales, medidas fundamentales, decisiones trascendentales… estamos en el mismo sitio. Pero más pobres y con menos derechos. El ejemplo a seguir es Grecia. Cuantas más “ayudas” recibidas,  menos recursos disponibles. Cuantos más apoyos, menos posibilidades de recuperación.

Vista desde lejos, aparece la situación más clara que en medio de la vorágine de las primas de riesgo, las subidas del iva y los vaivenes de la bolsa. Hasta ahora hemos obedecido a la Sra. Merkel (perro guardián de la gran banca), dándonos patadas en el culo, camino del precipicio. Está claro hacia donde nos llevan. Desde lejos se ve que va siendo hora de plantarse y decir basta ya. Decir que vamos a pagar, pero que nosotros diremos cómo y cuándo. Decir que queremos seguir manteniendo nuestros derechos laborales, no los de los chinos. Así lo hizo Islandia y ahí está, en plena recuperación. Nosotros no podemos decirlo solos, pero si España, Italia, Portugal y Grecia tuvieran la misma voz,  los bancos alemanes y franceses empezarían a actuar de otra maneras. Si debo 100.000 euros al banco, yo tengo un problema; si le debo 100 millones, el banco tiene un problema.

Los países sudamericanos ya pasaron por estas situaciones de gran deuda pública y privada. Se conocen bien las medidas que funcionaron. Pero la historia no interesa. Está claro que con esta situación hay gente que está ganando mucho dinero a nuestra costa. Por lo tanto interesa mucho mantener toda esta incertidumbre. Si puedo conseguir un 8% por mi dinero, ¿por qué conformarme con un mísero 3%?.

 Estas son las reflexiones de un viajero en tránsito, camino de su país. Un país que cada vez se gobierna más desde fuera, queramos o no. Hay que aceptar que nuestros políticos están para cambiar las cortinas del salón, renovar los muebles o pintar la escalera, pero que los dueños de la casa son otros.

 

miércoles, 25 de julio de 2012

Un día para disfrutar tranquilamente de Lima, si se puede hablar así de una ciudad de diez millones de habitantes, bajo un cielo que, en invierno,  no ve nunca el sol.

Como ya conocemos lo fundamental hoy nos hemos arriesgado a cruzar el río, por el Puente de Piedra. Parece un título de película pero es la realidad de las ciudades sudamericanas. Hay una zona segura para los turistas y a partir de ahí… es cosa tuya. Hemos cruzado al Barrio Rimac, donde las primeras calles están totalmente rehabilitadas con elegancia colonial y con ansias municipales de ganar tierra firme para una ciudad donde se afianza y crece el turismo. Nada más cruzar el puente no ha faltado buena gente que a cada momento nos decía que mucho cuidado, que miráramos por nuestras cosas, que no pasáramos del final de la calle. Al entrar al Mercado Central la primera vendedora nos ha dicho que era mejor que no entráramos. No estábamos en un mundo del hampa y de matones. Eran calles encantadoras, con balconadas coloniales de madera y con fachadas en color mostaza, con gente amable por la calle que iba a sus ocupaciones y sin nada que nos hiciera preocuparnos. Incluso había policía. No había ningún extranjero más. Después de pasear un rato hemos vuelto al Puente de Piedra, la construcción más antigua de la ciudad y nos hemos llegado a la Alameda, que cantaba María Dolores Pradera. En un tiempo esta zona “del Puente a la Alameda” debió ser más romántica y sugerente hoy es una zona desastrada y sobre todo envuelta en ruido y tráfico. Ya no hay álamos ( si alguna vez los hubo) y es un parque insulso y sin paseantes.

Ni de María Dolores Pradera, ni de Chabuca Granda, la otra diva peruana, hemos oído ninguna canción en este tiempo. Nos han martirizado con musiquillas andinas machaconas al ritmo de hoy. No ha pasado un día sin escuchar varias versiones de El Cóndor Pasa. Pero tampoco hemos dejado de oír a Juan Bau, Dyango, El Puma y, sobre todo, al rey de la música plasta en Perú desde hace 40 años, el auténtico Camilo Sesto. ¡Increible! Casi cada día seguimos escuchando su “Algo de mí, algo de míiiii…”. Nosotros pensábamos que eran antiguos Los Calchaquis, Inti-illimani o Quilapayún. Pues ahí está Camilo Sesto con programa diario de Radio para él solito. Sin comentarios.

Luego hemos ampliado nuestro recorrido turístico por el Monasterio de San Francisco. Como ayer nos ocurrió en Arequipa con Sta. Catalina, a través de este Monasterio se puede repasar toda la historia de la Conquista, de la vida y de la sociedad en los siglos XVI y XVII.. En España no hay grandes monasterios franciscanos que destaquen por su arquitectura, por sus riquezas artísticas, por sus tesoros. Aquí es diferente. Los frailes serían pobres pero el convento es una maravilla. Hay unas andas de plata que pesan 1500 kilos y que todavía las usan para procesiones.  Destaca la Biblioteca, con 20.000 volúmenes (primeras ediciones del Diccionario de la Academia…) que está tal cual la dejó el último fraile. La Sala Capitular, el Refectorio, el Coro son espacios con ricas sillerías y tallas de madera, con artesonados mudéjares, con azulejería sevillana. En fin, merece una sorprendente visita, sobre todo, si nos olvidamos de la doctrina de Francisco de Asís sobre la pobreza.

Pero lo que más sorprende son las Catacumbas que hay bajo la Iglesia. Han sido el antiguo cementerio de Lima durante siglos. Hoy son visitables en buena parte. Hay restos de más de 25000 limeños. Los huesos están artísticamente clasificados en diferentes espacios y osarios. Tibias y peronés en formación de crucetilla. Luego cráneos haciendo círculos conmovedores. Todo a media luz y en medio de estrechos túneles con cierto olor a… antigüedad. Da cierta prevención la visita, pero así somos y así seremos. Amén.

Para darle una alegría al cuerpo hemos querido terminar en Lima disfrutando de las bondades culinarias que hemos descubierto. El cebiche (pescado crudo marinado), el cuy (conejillo de Indias) y, por supuesto, el pisco sour. ¡Viva la cocina peruana!

martes, 24 de julio de 2012

Estamos de nuevo en Arequipa. La llaman la ciudad blanca por el color de la piedra de sus edificios históricos. No hay edificios altos. Los que han pecado de soberbia han terminado en el suelo. Cuando subimos a una terraza en un piso un poco alto siempre pensamos qué se puede hacer si se desata la ira de la Tierra. Nosotros no estamos acostumbrados a una eventualidad así. Al principio decíamos que había que dormir con el pasaporte, el móvil y el dinero listos para salir corriendo. Luego se nos ha olvidado. Mejor.

Hemos dedicado la mañana a visitar el Monasterio de Santa Catalina. ¡Qué convento tan interesante! Fue fundado en el S. XVI para hijas de las mejores  familias de Arequipa. No hay celdas. El Monasterio está formado por casas donde cada monja vivía con sus criadas, que se traía de la vida del mundo. Ellas la cuidaban y le preparaban la comida en la gran cocina de que disponía cada casa. Las casas las construía la familia, que además debía aportar una fuerte doté, por dejar colocada a la chica. Son construcciones a prueba de terremotos, con anchas paredes, bóvedas de piedra y un arco abovedado que protegía la cama.Las casas van formando calles hasta dar la idea de una ciudad dentro de la ciudad. Toda rodeada de altos muros. Tiene placitas, zoco para trueque de productos y tres coloridos claustros, que invitan por su alegría a disfrutar de la vida, más que a la meditación.  Hay una lavandería, hecha  con mitades de grandes tinajas. Disponían de piscina para baño y otras comodidades. A penas había vida en común. Llegó a haber hasta 250 monjas y más de 80 casas. El Convento mantenía las diferencias sociales que había fuera, llegando a situaciones de semiesclavitud. Las señoras vivían como reinas más que como esclavas del Señor. A finales del S. XIX se hizo una reforma que acabó con este régimen de apartamiento señorial. Se instauró un tipo de vida en común  semejante a otros conventos.

Hoy las monjas (más de una veintena) viven en una zona de nueva construcción, dentro del  mismo recinto . Todo el antiguo monasterio está restaurado con primor y es el mejor reclamo turístico de Arequipa. Todo él está pintado en tres colores dominantes, ocre, azul añil y mostaza que le dan un aspecto llamativo y alegre. En uno de los patios hay un bar que invita a buscar la paz del alma al lado de una cerveza fresca.

En la tardenoche volamos hacia Lima. Estamos iniciando el camino de vuelta.

lunes, 23 de julio de 2012

El día empieza a las cinco y media de la mañana. Nos espera el vuelo del cóndor y hay que sacrificarse. Allá vamos  por una pista de tierra hasta un mirador colgado sobre el Cañón del Colca. Este cañón fue descubierto para el mundo por un reportaje la National Geographic, titulado El Valle olvidado de los Incas. Ha estado apartado del mundo por mucho tiempo. Para acceder hay que pasar un puerto que llega a los 4910 m. de altura. Dicen, con razón, que es el mejor mirador de Los Andes. Incluso allá arriba todo está lleno de tenderetes de artesanía.

El cañón tiene más de 100 Km. de largo y dicen que es el más profundo del mundo, más de 3200 m. de la cumbre hasta el río. En realidad es un bellísimo valle en forma de V. Hay partes con formas de profundo cañón y otras más abiertas. Todo el recorrido está jalonado por innumerables terrazas de cultivo (20.000 hectáreas) de origen incaico. Muchas de ellas se cultivan todavía, aunque ahora  en invierno están resecas y amarillentas. Es una zona muy rica en cultivos, por su variedad y calidad. Hoy se plantea aprovechar el turismo manteniendo un nivel de calidad y de equilibrio para la zona. Hay trekking, vertiginosas tirolinas y otros atractivos para los guiris.  Los pueblitos tienen un encanto especial. Están cuidados y mantienen su arquitectura, arreglando calles y rehabilitando las simpáticas iglesias. El atuendo de las señoras es totalmente diferente a las otras zonas de los Andes. Es más colorista y alegre. Sólo con ver los sombreros de las señoras se alegra la mañana´

Llegamos a un observatorio, sobre una colonia de cóndores de unos 50 ejemplares. El guía nos había advertido de que a veces vuelan y… a veces no. Depende del frío, de las corrientes… Cuando llegamos, pronto empezó el espectáculo. Vimos algún cóndor volar bajo nosotros, pues allí el cañón es muy profundo. Aparecieron más y más hasta pasar casi a tiro de piedra, como exibiéndose ante nosotros. Alguno sobrevoló nuestras cabezas mostrando sus más de tres metros de envergadura. Es la mayor ave, la más mítica y sin duda la más hermosa. Todos estábamos abrumados por tanta belleza. Fotos, videos, cambios de posición, de puntos de observación. Nadie se cansaba de estar allí viendo pasar una y otra vez estas maravillas de la naturaleza. Una gozada. Ha habido suerte.

Vuelta a Arequipa con paradas en las zonas de puna para observar rebaños de llamas, de alpacas, vicuñas salvajes, vizcachas (liebres andinas)  y un tipo de cabra montés. Son zonas de pastos , a 4000 m., con la hierba amarillenta, con arroyos y charcas a veces heladas, pero suficientes para mantener en invierno al ganado. Hay pequeñas granjas, incluso alguna aldea con su iglesia y escuela. Es difícil imaginarse el tipo de vida que puede vivirse por aquí. Nosotros nos limitamos a probar la carne de alpaca en los restaurantes y a comprar guantes, jerseys o gorros de esta lana tan deseada. Parece que los turistas no queremos saber nada más.

 

domingo, 22 de julio de 2012

Sólo un día de tranquilidad en Arequipa y … vuelta a la carretera. ” Hay lugares que hay que visitar obligatoriamente” “El Cañón del Colca es una maravilla”. Pues allá vamos.

Nueva madrugada. El minibús nos espera. Es un tour de dos días para recorrer este cañón que se encuentra a 170 Km. de la  ciudad. Volvemos a las grandes alturas, casi 5000 m.. Hasta ahora, con nuestra coca, no hemos tenido ningún problema con el mal de altura. Más bien estoy con el mal de “bajura”, voy arrastrándome con mi botella de suero, a base de Fortasec, buscando un servicio limpio por donde haga falta. Lo llamo “ la Venganza del Inca”, debe ser un castigo por haber tomado el nombre de los dioses en vano. Es como un impuesto que hay que pagar en cada viaje.

Así  de  dura es la vida del turista. Cumplimos fielmente el código del buen turista: si hay comida, come; si hay una cama, duerme; si puedes mear, mea,  porque no se sabe cuándo tendrás otra oportunidad.

Somos un grupo de 18 personas. Vamos con argentinos y una mayoría de peruanos, lo que nos hace sentirnos menos guiris y más inmersos en el país. Nos explican tradiciones, leyendas y sobre todo nos comentan y nos enriquecen en el tema de la comida (para quien puede comer). Nos explican qué  es cada plato, cuál es típico de esta zona o cuál es más rico. La cocina peruana es sorprendente. Es rica, variada y muy bien trabajada. Disponen de un montón de productos o de variedades que nosotros no conocemos, tanto en verdura s como en legumbres, cereales, carnes o pescados. La comida ha sido en  un restaurante de Chivay, ya en el Valle del Colca, con un buffet abierto de unos veinte platos diferentes, todos con una pinta tentadora. Con la ayuda de los compañeros peruanos podíamos saber que era cada plato y cuál era bueno de verdad. El precio del menú eran 25 soles, menos de 8 euros. Una delicia para el paladar y para el bolsillo.

Nos han alojado en  Chivay, cabecera del valle  y pueblo más representativo. Hemos pagado 25 euros de acceso al valle. Es un impuesto para turistas que se emplea para mejorar pueblos y carreteras. A primera vista parece muy bien empleado, si hablamos del primer lugar visitado. Son unos baños termales, en plena naturaleza. Nada comparado con Bolivia. Hay cinco piscinas coquetas, con duchas y casetas. Nuestros cuerpo  se merecían  esta relajación después de tantas noches de autobuses infernales.

La Iglesia, de un estilo barroco mestizo, nos ha encantado. No hay sitio para un santo más. Las imágenes nos sorprenden por su colorido, su expresión y sus atavíos. No hay dolor y sufrimiento ni en los Cristos. Todos parecen felices con su destino. Allí vemos a un S. Isidro Labrador, una Virgen de la Asunción, a una Sagrada Familia que parecen gentes de este valle, como preparados para salir a bailar. Lo llaman sincretismo religioso, fruto de la interpretación de la Conquista como “ el encuentro de dos mundos”. Así se llama desde los fastos del 92, V Centenario. ¿Qué diríamos nosotros si los franceses llamaran  el encuentro de dos mundos a la invasión napoleónica de 1808? ¿ o los árabes a la conquista de la península en 711? Lo de “encuentro de dos mundos”  es para pensarlo.

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