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El blog que habito | por Alberto  Barranco Ruiz
foto Me gusta la televisión. Me gusta el cine. Me gusta la literatura. Me gusta escribir. ¿Y si unifico todos mis originales e inéditos gustos y los plasmo en un blog? He aquí el escalofriante resultado. No soy ningún erudito, pero prometo escribir con la pasión de un estudiante de Periodismo que, pese al frío vendaval, continua con la ilusión intacta. Bienvenidos a mi rinconcito.
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domingo, 18 de marzo de 2012

El viernes pasado se estrenaron en las salas españolas varias películas (menuda novedad, ya lo sé). Algunas, como ‘Tenemos que hablar de Kevin’ o ‘Tan fuerte, tan cerca’, me llamaban poderosamente la atención. Otras como ‘Contraband’ me resultaban, a priori, más de lo mismo. Haciendo gala de mi masoquismo innato, decidí optar por la opción más desaconsejable, ir a ver ‘Contraband’. En mi defensa alegaré que, por avatares de la vida que no vienen al caso, me regalaron las entradas.

El argumento del film no se llevará ningún Globo de Oro. Un guaperas cuarentón de nombre Chris Farraday (interpretado por Mark Wahlberg) lleva una apacible vida como padre de familia, tras haber abandonado el turbio mundo del contrabando de alcohol, del que en su día fue líder. Su cuñadito, patoso e inexperto, se mete en un lío y Farraday se ve obligado a retomar momentáneamente el negocio del contrabando para saldar la deuda económica del hermano de su esposa. Es entonces cuando ambos se embarcan en una vertiginosa trama en un buque de carga, que les llevará hasta Panamá en busca de su mercancía (billetes falsos, en este caso). Una nueva vuelta de tuerca al clásico ‘el pasado siempre vuelve’ que tanto huele.

Vaya por delante que aunque siempre he sido un detractor de las películas de acción vacías, fui a ver ‘Contraband’ con la mejor de las intenciones, pensando que podría sorprenderme. No lo hizo. Lejos de ello, la cinta me resultó previsible, inverosímil y con unos diálogos bastante olvidables. Su ritmo es trepidante, sí. Tiene escenas de acción muy logradas y emocionantes, también. Pero su director, Baltasar Kormákur (que ya protagonizó la versión islandesa), no consigue que te creas absolutamente nada de lo que estás viendo.

Cierto es que Wahlberg es un actor bastante solvente, que sabe dar al personaje un carisma y encanto especial. Él es quizás lo único salvable de la película, junto con algunos de los escenarios. Al menos no es pretenciosa, y cumple con lo que promete: entretenimiento puro a base de tiros, sangre y gente chunga con pinta de oler mal. Plana y simplista, pero eficaz. ‘Contraband’ es ideal para pasar las tardes resacosas de domingo, cuando te apetece de todo menos pensar.

Buenas tardes (de domingo resacoso).

lunes, 5 de marzo de 2012

A veces la televisión nos ofrece productos dignos, interesantes e incluso necesarios. En España ocurre pocas veces, es lo cierto, pero siempre hay excepciones. La cadena pública de Cataluña Tv3 emitió anoche un reportaje, dentro de su programa ’30 minuts’, sobre las reuniones que se han celebrado en los últimos meses entre algunos etarras y los familiares de sus víctimas. Bajo el título ‘El perdón’, el reportaje focalizó su atención en el ex-etarra Iñaki Rekarte, autor de tres asesinatos, e Iñaki García, uno de los hijos del delegado de Telefónica asesinado en 1980, José Manuel García Cordero.

Dejando al margen mi opinión sobre el contenido de las declaraciones de víctimas y verdugos, que no viene al caso, sí quiero vanagloriar a los autores de este reportaje, Eduard Sanjuán y Mirea Pigrau, por tan lograda pieza periodística. El programa emocionó y estremeció a partes iguales y lo hizo de una manera poco amarillista, sin caer en el dramatismo barato. Me planteo seriamente si algunas cadenas generalistas españolas hubieran sabido hacerlo de una manera tan limpia y cercana, sin buscar a toda costa la lágrima fácil. No lo creo. La pública catalana ya ha demostrado varias veces que va algún paso por delante del resto, y especialmente de TVE. Nuestra pública se gastaba mientras tanto una pasta en organizar una cutre-gala para elegir la canción de Eurovisión, que seguramente no vieron ni en casa de Pastora Soler. 

Los periodistas lograron que el disidente etarra Iñaki Rekarte describiera, con evidentes signos de arrepentimiento, la extrema frialdad con la que la banda terrorista actuó durante décadas. “La orden era, vosotros matad todo lo que podáis”, así de tajante se mostró Rekarte, quien además dijo no saber absolutamente nada de la vida de sus víctimas y acatar órdenes de dirigentes de ETA que ni siquiera conocía. Este ex-miembro de la banda no logró hablar con ningún familiar de sus tres asesinados, pero sí lo hizo con la viuda de una víctima asesinada por otra persona. "Vienen sin rencor, y eso te hunde", reconoció Rekarte.

Por su lado, Ikañí García desgranó las claves de su encuentro con el asesino de su padre. El etarra le reconoció que era muy joven cuando lo hizo y que no pudo mirarle a los ojos. "Era una cuestión que me interesaba especialmente, saber si les miraban a los ojos", reveló el hijo de José Manuel García Cordero. García demostró que se puede dejar de lado el rencor para construir juntos un escenario de paz, el que España necesita. Un perdón que a muchos chirría, pero que es una realidad latente y que quedó reflejada magníficamente en el reportaje de Tv3. 

Deben verlo.

Fotografía: Iñaki Rekarte, disidente de la banda terrorista ETA.

lunes, 20 de febrero de 2012

Por fin pasó. Se acabaron las quinielas, apuestas y adivinanzas. La Academia de Cine celebró ayer la vigésimo sexta ceremonia de entrega de los Premios Goya y todos los expertos coinciden: no hubo sorpresas. ‘No habrá paz para los malvados’, el thriller policíaco de Enrique Urbizu, se llevó el codiciado galardón a Mejor Película. Y no sólo eso, si no que conquistó otros cinco ‘cabezones’ más, entre ellos el de Mejor Dirección y el de Mejor Actor Protagonista para José Coronado.

EL ROBO. Para mí, que no soy ningún experto, sí hubo sorpresas. Y es que no me esperaba que la Academia ignorara de una manera tan vasta a Pedro Almodóvar con ‘La Piel que Habito’. Tras la reconciliación de éste con la Academia y optando a 16 Goyas, imaginé que sería una de las películas triunfadoras de la noche. Más teniendo en cuenta que ganó el BAFTA (los Goya británicos) a Mejor Película de habla no inglesa hace unos días. Lo que ha ocurrido con este film no tiene nombre. Aplaudida por la comunidad internacional, los académicos españoles han decidido menospreciarla por completo. Sólo dos de sus actores, Elena Anaya y Jan Cornet; el encargado de la música original del film, Alberto Iglesias y los responsables de peluquería y maquillaje se fueron con un Goya bajo el brazo por su trabajo en la película del manchego. Ya hablé en una ocasión sobre mis impresiones al ver ‘La Piel que Habito’ y no voy a volver a hacerlo, pero me pareció un robo en toda regla. Almodóvar explora, innova y ofrece un cine del que debemos sentirnos más que orgullosos. Tengo la firme convicción de su película estaría nominada en los Oscar de haber sido seleccionada por la Academia. Almodóvar gusta fuera de nuestras fronteras, y debemos potenciarlo desde aquí si queremos que el cine patrio tenga una mayor envergadura.

No quiero hablar mucho de las grandes olvidadas, 'Mientras Duermes' o 'Primos', dos de los mejores productos cinematográficos del año que se van de vacío. Ignorando a grandes películas como estas sólo se consigue que el público siga estando lejos, muy lejos, de mostrar interés en el cine español y tomarse estos premios en serio.

UNA PRESENTADORA ECLIPSADA. El trascurso de la gala resultó entretenido, aunque algo decepcionante. La humorista Eva Hache se estrenaba como presentadora de la ceremonia, sustituyendo a un superior Andreu Buenafuente. La segoviana estuvo bastante decente, pero le faltó gran parte del gracejo que muestra en otros programas. Chistes algos manidos y algunos comentarios fuera de lugar que no provocaron ni la más mínima mueca entre los asistentes supondrán un más que probable cambio en la conducción de la gala en próximas ediciones. 

Yo ya tengo mi candidato: Santiago Segura. El director, actor, productor y responsable del mayor fenómeno cinematográfico del año, Torrente IV, deslumbró al público con su fino sarcasmo y su encanto natural. Segura eclipsó por completo a la presentadora y demostró que es el más indicado para convertirse en el próximo maestro de ceremonias. "Almódovar, a ti no te digo nada que luego te vas" o "sólo por poner a trabajar a Kiko Rivera, ya tengo mérito" fueron algunas de sus frases más comentadas y elogiadas en Twitter.

CASTIZOS ANTE TODO. Las notas más cañís no podían faltar en una gala de cine español y los encargados de materializarlas fueron esta vez Antonio Resines, Javier Gutiérrez, Tito Valverde y Juan Diego. Este cuarteto de actores interpretaron junto a El Langui un rap que navegó entre lo surrealista y lo lamentable. En España ya tenemos asumido que no podemos competir contra el glamour americano, por lo que hagamos lo que mejor sabemos hacer: el tonto más ridículo.

DISCURSOS POLÍTICOS. Y como no podía ser de otro modo tratándose de los Goya, no faltaron las alusiones políticas. Hay cosas que no cambian. Ana Wagener hizo referencia a la investigación de los crímenes del franquismo al recoger su premio a Mejor Actriz de reparto por 'La Voz Dormida', en clara alusión al recién invalidado Baltasar Garzón. Más explícita fue Isabel Coixet, que se llevó el Goya al mejor Documental por su pieza en la que entrevista al mismo juez y dijo que ojalá todos los jueces fueran como él. Quizás razón no le falte, pero ahí queda la eterna pregunta sobre si estas galas son el sitio más apropiado para realizar esas reivindicaciones.

Otro que no estuvo muy atinado con su intervención fue González Macho, el presidente de la Academia, cuyo primer discurso en una gala de los Goya había levantado cierta expectación. Macho decidió adentrarse en el enfangado terreno de la regulación de Internet y se llenó de barro hasta los hombros. El presidente demostró ser un señor chapado a la antigua, que se niega a reconocer nuevas realidades y a buscar soluciones intermedias y razonables. La cara de Álex de la Iglesia era todo un poema becqueriano. 

EMOCIONES EXALTADAS. Sin duda, el momento más emotivo de la noche lo protagonizó Silvia Abascal. La actriz reapareció recuperada del ictus cerebral que le apartó de la vida pública hace un año y provocó el aplauso más sentido de toda la ceremonia. 

María León, emocionadísima al recoger su justo galardón a Mejor Actriz Revelación,  encandiló más si cabe a la grada con su naturalidad y carisma. Esta chica es igual de inmensa fuera de la pantalla y le auguro un gran futuro por delante. Ojo con la Familia León, que como advirtió Paco en la Alfombra Roja, aún queda una hermana más por salir a la palestra de la escena. Si es la mitad de grande que sus hermanos, será bienvenida.

De los modelitos de nuestras estrellas no soy el encargado de hablar. Ni siquiera de los peinados de algunas actrices. Si esto fuera un blog de moda, me ensañaría con el pelo de Belén Rueda. Diría que parecía la líder de la manada y comentarios vulgares varios. Pero no voy a hacerlo, no sería elegante. 

En definitiva, una gala mejorable aunque bastante digna en la que los Académicos volvieron a dejar claro que ellos, en ocasiones, habitan realidades paralelas.

viernes, 17 de febrero de 2012

Tras mi funesto periodo de exámenes y mi agradable viaje a Bélgica, regreso al blog con la firme promesa de actualizarlo mucho más a menudo. Aunque mis últimas entradas estuvieron relacionadas con el séptimo arte, quiero tocar más palos como prometí en mi presentación y no caer en la monotonía. Es por ello por lo que hoy doy un giro temático.

Voy a analizar algo mucho más funesto que mis exámenes: el futuro sombrío de nuestra corporación favorita, Radio Televisión Española.

El pasado mes saltaba la trágica noticia: el Ejecutivo de Mariano Rajoy exigía a RTVE un recorte de 200 millones de euros. Calderilla. No pasa nada, pensaron algunos, que recorten el elevado sueldo a sus estrellas y todo arreglado.

 

Y así será. TVE rebajará un 20% el sueldo a todos sus presentadores y colaboradores y un 10% a sus directivos. Con todo ello, ahorrarán un total de… ¡11 millones! Muy bien, ya sólo faltan 189. Ahogados y desesperados, los responsables de la cadena pública han anunciado más medidas ahorrativas.

En primer lugar, no producirán este año sus dos series más caras y de mayor audiencia, ‘Cuéntame Cómo Pasó’ y ‘Águila Roja’, que son también las series más vistas a nivel nacional. Tampoco emitirán la ambiciosa ‘Isabel’ sobre los reyes católicos (pues se paga sólo si se emite). Además, espacios como ‘La Hora de José Mota’, ‘Amar en tiempos revueltos’ o ‘Españoles en el Mundo’ tienen un futuro más que incierto. Por si fuera poco, venderán los derechos de la Champions League y renunciarán a la emisión de grandes eventos. Dudo mucho que sólo con eso logren recortar los 200 millones de euros necesarios. ¿Qué más se puede hacer? ¿Los recortes no afectarán a la radio? Lo último que se conoce es que también están sopesando fusionar la Agencia EFE con RTVE para ahorrar costes, con los despidos de más periodistas que ello conllevaría. 

Lo que parece evidente es que TVE dejará de ser líder de audiencia con una programación débil y en Fuencarral y San Sebastián de los Reyes, sedes de Telecinco y Antena 3 respectivamente, ya deben estar brindando con caviar francés.

Muchos le echan la culpa al Gobierno por asfixiar al ente público, pero ¿se han hecho las cosas bien durante estos años en el seno de RTVE? Lo cuestiono.

La Uno siempre ha jugado a ser una cadena comercial más. Presentadores con alto caché, series con un presupuesto que duplica el de algunas series de las privadas (cada episodio de 'Águila Roja', por ejemplo, cuesta una media de 1 millón de euros), grandes eventos deportivos y numerosos programas en directo. Qué tienen que emplear 70.000 euros para que Igartiburu y Mota den las Campanadas, pues lo hacen. Si han de gastarse una pasta en mandar un representante español al Festival de Eurovisión para que hagamos el ridículo más espantoso no hay problema, el dinero sobra. Y echando la vista no tan atrás, si había que pagar a la nietísima una millonada para que diera un par de brincos mientas Teté Delgado aplaudía, se hacía también. Todo por el show, por la audiencia, aunque endeudasen al país. ¡Claro que sí!

Ahora muchos se llevan las manos a la cabeza con el duro recorte, pero me pregunto si se hubiera llegado a esta situación de haberse hecho las cosas mejor, con una mayor conciencia de que se trata de un medio público, financiado en parte de los bolsillos del ciudadano. Renunciar a tantas series históricas con altísimos costes de producción, programas de sketches de 600.000 euros como el del manchego José Mota, galas musicales casposas de dudoso interés público y un sinfín de excesos que ha cometido TVE en todos estos años.

Soy seguidor ocasional de 'Cuéntame' y 'Águila Roja', me apena su parón y me lamenté en su día por ello. Pero hoy, tras reflexionarlo, llego a la conclusión de que es lo mínimo que se puede hacer. En un país que se ahoga no se puede permitir que la televisión pública derroche a sus anchas sin que nadie le de un toque de atención ni se le exija hacer el mismo esfuerzo que al resto de los españoles. 

RTVE vive hoy una de sus mayores crisis, con vacío de poder incluido, y sólo se me ocurre citar a ese magnífico website llamado Asco de Vida: Haberlo pensado antes.

sábado, 28 de enero de 2012

Clint Eastwood ha vuelto. Tras su periplo en 2010 por el universo de los no vivos (Más allá de la Vida) regresó ayer a las pantallas de medio mundo con el biopic de John Edgar Hoover, el primer director general del FBI. Un hombre que se mantuvo en el cargo durante 48 años (desde 1924 hasta su muerte en 1972, bajo el mandato de Nixon) y que logró sobrevivir a ocho presidentes.

A priori, el film tiene todos los ingredientes para convertirse en una obra maestra: Leonardo DiCaprio, Naomi Watts, un personaje protagonista de lo más controvertido y un director que ya ha firmado auténticas joyas (los de mi generación nunca podremos olvidar Million Dolar Baby o Gran Torino). Sin embargo, la película te deja inexplicablemente frío.

Y no es que Eastwood no sepa hacer biografías, pues ya demostró con Invictus que posee la brillantez suficiente en este campo. Pero aquella era otra historia, un retrato del mejor Mandela explicado desde el prisma del rugby. Una película emocionante y original que me dejó con una sonrisa eterna las dos ocasiones que la vi.

Quizás las expectativas eran demasiado altas con J.Edgar. Eastwood y DiCaprio juntos prometían tanto, que todo parece haberse quedado a medio gas. Muchos se llevaron las manos a la cabeza cuando hace cuatro días no nominaron a DiCaprio a los Oscar por este papel. Yo el primero, aunque ahora lo entiendo. No es que realice una mala interpretación, al contrario, pero era un regalo tan grande, estaba tan diseñado para pasar a la historia, que todo le ha venido grande. Continúa siendo uno de los mejores actores de Hollywood, pero quizás por ello debamos exigirle más.

La película cuenta con una estructura algo manida y que se hace especialmente monótona en esta ocasión. Un Hoover envejecido va contando su vida a un mecanógrafo que la va materializando, mientras los espectadores la revivimos a través de flashbacks. Desde sus inicios en la oficina hasta su muerte, aún en el cargo. Sus anécdotas y mentiras, la estrecha relación con su madre, su carácter gélido y autoritario: todo lo refleja Eastwood con corrección, pero de una manera aburrida y pretenciosa.

La película sólo se anima cuando retrata la supuesta pseudo-relación homosexual que mantuvo Edgar con su mano derecha, Clyde Tolson. Aunque lo hace de una manera leve y ambigua, sin profundizar en ello. No me malinterpreten, mis queridos lectores, no me hubiera gustado ver un Brokeback Mountain en el Washington de los Años 60, y más cuando esa relación nunca ha podido ser probada. Sólo era un tema que podría haber dado mucho más juego, como otros muchos que la película apenas trata: el racismo de Edgar y su especial inquina contra Luther King (que en el film se cuenta como algo anecdótico), su mala relación con los Kennedy, el espionaje a grandes estrellas mediáticas como Jonh Lennon o Elvis Presley, la turbulenta relación con presidentes como Johnson o Nixon... Algo que hiciera que la película fuera más emocionante y viva, alguna escena que los espectadores pudieran guardar en su recuerdo para siempre.

Y es que me temo que olvidaré J. Edgar en cuanto acabe de escribir estas líneas.  

Buenas tardes.

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