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Pasión por el deporte | por Jose Rodríguez
foto Todos los que me conocen saben que desde que era un niño he estado en contacto directo con todo lo que ocurría en el panorama deportivo. Ahora que ya soy mayor, o al menos un poquito más que antes, quiero aprovechar esta ventanita que se me ofrece para compartir mis ideas, mis sensaciones y, sobre todo, interactuar con todo aquel que quiera darse una vuelta por este pequeño espacio en el que el protagonista principal será el mundo del deporte. Y digo deporte, no sólo fútbol.
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jueves, 2 de febrero de 2012

Volver a la piscina, salir más a menudo a correr o pisar por ese gimnasio situado en frente de casa y que tan lejano parece todas esas mañanas de invierno en las que no tienes mucho más que hacer. Sí, como muchos de vosotros, yo también hice las típicas promesas después de las doce uvas del 31 de diciembre. Bueno, inmediatamente después reconozco que no. Fue al día siguiente, habiendo reposado. No me voy a poner a explicar los motivos de por qué no lo hice aquella noche. No merece la pena.

A lo que iba, que entre mis promesas para este 2012 también estaba la de actualizar con más frecuencia este pequeño diario. Y en una de esas tardes de domingo, tan de reposo como la de Año Nuevo, recuerdo que se me vino a la mente el Campeonato de España de Ciclismo de Segovia en 1995. Así que vamos a ello.

El que aquí escribe apenas tenía 6 años, de acuerdo, pero los que me conocen saben que a esa edad mis padres ya empleaban mejor el tiempo llevándome a ver ciclismo que al circo, a la feria o a cualquier actividad de ocio similar. Eso sí, mis recuerdos son escasos. Imágenes sueltas que me vienen a la mente muy de vez en cuando y me permiten recordar cómo empecé a aficionarme a este bello deporte. 

De hecho, la imagen que más veces ha rondado mi cabeza es la de un corredor de la ONCE, Roberto Sierra se llamaba y el dorsal 57 (creo) portaba, charlando con aficionados poco después de retirarse en uno de los pasos por meta. He de reconocer que poco más supe de su carrera deportiva, pero en 1995 fue uno de los protagonistas de la mañana que pasé "viendo la Vuelta", como decía por entonces.

Pero al que recuerdo y recordaré por encima de los demás es al segundo clasificado en aquel campeonato. Un tal Jiménez como me dijeron aquel día y que con los años se convirtió en mi único ídolo en esto del deporte. Ya sé que no fue un ejemplo de profesionalidad en muchos aspectos, pero cuando eres niño hay cosas que no quieres oír.

Su forma de correr fue única. En lo bueno y en lo malo. Todavía hoy recuerdo la cantidad de tardes que pasé delante de la tele. Esperaba sus demarrajes. Esperaba verle dejar atrás a sus rivales con la enorme facilidad del que es realmente superior. Esperaba, también, el temido día en el que un tremendo pajarón finiquitara sus opciones de triunfo final en la Vuelta (¡ay! la del día de Aitana en 2001. El equipo lo achacó a una úlcera en la boca, otros decían que debía haberse tomado una tarde de reposo como la mía en Año Nuevo). Y, por desgracia, también esperé en aquel frío 6 de diciembre de 2003 a que, viendo el programa Estadio2, dieran la única noticia que nunca hubiera querido escuchar. La de su paso de estrella (caída) a mito. 

(¿Dónde estuvieron los que durante tantos años le dieron palmaditas en la espalda y miraron hacia otro lado?)

Pero, por encima de todas las cosas, lo que aquel niño deseaba y todavía hoy se permite el lujo de recordar, youtube mediante, era aquella forma de bailar sobre su bicicleta carretera arriba hasta la cima. En ocasiones con la sensación de que, si se lo propusiera, el asfalto se le quedaría pequeño y tomaría rumbo al lugar desde el que hoy, si de verdad hay algo ahí arriba, seguirá disfrutando de ese deporte al que tantas y tantas tardes de gloria dió.

Simplemente Chava. Con "v", como él pidió.

martes, 27 de septiembre de 2011

Sábado por la tarde. Campo municipal de La Albuera. Minuto 2 de partido. El 0-0 aún campeaba en el marcador cuando, a escasos metros de mi localidad, escuché el siguiente comentario:

       - ¡Vamos Sego! A ver si ganamos que, como además ha perdido el Caja, sería un fin de semana perfecto.

Tras el brillante discurso que llegó a mis oídos, reconozco que me quedé con las ganas de girarme hacia el espectador y responderle brevemente con un:

       - ¡Qué tendrán que ver los cojones con comer trigo!

Y es que, por más que me lo quieran explicar, no alcanzo a comprender esa obsesión que tiene una parte de la hinchada gimnástica (no toda, ¡eh!, ni mucho menos) con todo lo que se llame Caja Segovia. Esa creencia en que todas las limitaciones de la Segoviana surgen debido a la existencia en la misma ciudad de un equipo puntero...¡en otro deporte! son, para mí, algo inexplicable.

El Caja Segovia no tiene la culpa de que Fran Dorado se autoexpulsara el pasado sábado contra la Real B. Ni tampoco de que el equipo cayera derrotado ante el Osasuna B o el Mirandés, ni de que la Sego (por desgracia) tardado 12 años en volver a la Segunda B. Ni mucho menos.

No entiendo cómo en una ciudad tan necesitada de referentes deportivos a nivel nacional, algunos crean que existe la necesidad de elegir entre uno u otro equipo. Nadie obliga a ser aficionado de ambos, pero las desgracias de uno no se justifican por la presencia del otro. Caja Segovia y Gimnástica Segoviana no son conceptos antagónicos. Aunque algunos quieran creer lo contrario.

viernes, 17 de junio de 2011

Se podría decir que estamos ante el Día D y la Hora H, pero en nuestro caso es mucho más que eso, estamos ante el Día D, la Hora H…y el Año A. Porque nadie sabe cuándo se volverá a repetir algo así. Si hemos tenido que esperar más de una década para revivir los logros de aquel equipo inolvidable de finales de los noventa, quién sabe cuánto tardaremos en volver a vivir algo así, ahora que las diferencias económicas entre unos equipos y otros son cada vez mayores.

Y precisamente por eso, la única opción que podemos contemplar de cara a estos dos partidos es la de la victoria. De nada valdrían esos halagos dirigidos siempre a todos los equipos pequeños que realizan auténticas gestas colándose en la lucha por los títulos, pero que acaban quedándose en la orilla. El Caja Segovia no quiere, ni se merece, ser aquel Unicaja del año 94 que se quedó a las puertas del título ACB con el triple de Ansley; ni el Alavés de Mané que cayó derrotado en aquella final de la Uefa frente al Liverpool; o el EuroGeta que a punto estuvo de vencer al Bayern de Munich y tampoco el Lobelle que perdió agónicamente la Supercopa de España la pasada temporada ante El Pozo cuando era campeón a menos de 20 segundos para el final.

El objetivo es ganar, no hay otra. Eso sí, nadie va a reprochar nada a este equipo en caso de no conseguirlo, pues lo único que podemos hacer es darles las gracias desde ya mismo por todo lo que nos han regalado durante este mes de ensueño en el que ni el más optimista se esperaba algo así. Y, sobre todo, por lo que vamos a vivir dentro de unas pocas horas en el Pedro Delgado que estará más volcado que nunca con sus jugadores. Como digo, gracias de antemano a todos, jugadores, entrenador y directiva por un año irrepetible pero, puestos a pedir, que nos regalen un final de temporada inolvidable que nos haga volver a celebrar un título. ¡Que algunos éramos unos niños en el 99!

miércoles, 8 de junio de 2011

Aunque parezca mentira, y sin que sirva de precedente, los grandes animadores del mercado de fichajes en este comienzo de verano no están siendo los propios futbolistas, sino los entrenadores. Mientras, a día de hoy, los Cesc, Coentrao (otra Florentinada, pues tiene a Marcelo ya en ese puesto) y compañía no son más que carne de relleno en la prensa deportiva, son muchos los banquillos de Primera que todavía no tienen inquilino de cara a la próxima campaña y la lucha por contratar al preparador ideal está siendo más encarnizada que nunca.

En un principio, sería lógico pensar que, antes de hacer más fichajes, los dirigentes quieran conocer el estilo del técnico que va a dirigir a su equipo. Pero toda esa teoría queda en entredicho cuando sabemos que lo que hoy son palabras bonitas, en pocos meses serán reproches y despidos por no haber alcanzado los objetivos que se habían marcado durante estos meses en los que todo el mundo es muy optimista (anda que no ha ganado Ligas el Atleti en Julio). Y es que ya se sabe que si las cosas vienen mal dadas la culpa es siempre del entrenador, no de quien le ficha ni de los jugadores; y si por el contrario el asunto sale bien, el mérito es de los futbolistas y del “presi”, que para eso mueve la pasta.

Por ahora, el fichaje que parece haberse cerrado definitivamente es el de Luis García, técnico revelación esta temporada, por el Getafe y el que parece que se queda sin silla es Bielsa, que tras hablar con Sevilla y Real Sociedad se queda sin ninguno de los dos. Pero hay dos banquillos que me llaman especialmente la atención, los del Atlético de Madrid y Sevilla, pues los cambios de rumbo en cuanto a entrenadores que ambos clubes vienen dando últimamente son espectaculares, sólo comparables a los del Real Madrid. Bueno, hasta ahora, que ahora ya está Mourinho y el Madrid ha hecho una apuesta clara por la mala educación, la antipatía y la pérdida de valores. No está mal, al menos hay una idea fija. Todo eso sin negar méritos a un hombre que, pese a ser una referencia mundial en los banquillos, no creo que haya logrado nada sobrehumano esta temporada.

Volviendo al tema, hablemos del Atleti. Se dice que Gregorio Manzano está cerca de volver a la orilla del Manzanares, lugar del que ya fue despedido tras la temporada 2003-2004. Aquel año, dejó al equipo a un solo punto de entrar en la UEFA directamente. Algo imperdonable, sobre todo si echamos la vista atrás y comprobamos la gran calidad de aquella plantilla. Futbolistas como Nano, Novo, Nikolaidis, Jorge Larena, Musampa o Ibagaza eran los baluartes de aquel equipo comandado por el goleador Torres. Incluso el mítico Rodrigo Fabri (en el Madrid todavía lamentan su marcha al eterno rival) jugó 16 partidos en aquella temporada; normal que a Manzano no le perdonaran que el equipo no entrase en Europa. Que no entró porque no fue capaz de superar la Intertoto al año siguiente, que a nadie se le olvide.

Para la próxima temporada ya le preparan otro auténtico equipazo en el que no podrá contar ni con De Gea ni con Agüero, esos dos jugadores sobre los que se iba a cimentar la estructura de la entidad tras la venta de Torres, necesaria para que el de Fuenlabrada llegara a convertirse en la rutilante “estrella” que es hoy y para que las cuentas del club se sanearan. Como vemos, ambos objetivos se han cumplido a las mil maravillas.

En segundo lugar está el Sevilla, que también tiene atado a su nuevo entrenador. Marcelino García Toral (de lo mejorcito ahora mismo en mi opinión) será el sustituto de Manzano, aquel al que Del Nido pretendió durante varias temporadas y que sólo le duró seis meses en el cargo. El nuevo entrenador del conjunto sevillista ha tenido que acogerse al Decreto 1006/1985 para poner fin a su vinculación con el Racing tras todo el culebrón de los jeques por Santander. No se trata de una situación nueva para el Sevilla en los últimos años, sólo hay que recordar la forma en la que Juande se marchó al Tottenham. Eso sí, las cosas deben haber cambiado mucho ya que, mientras Del Nido puso el grito en el cielo cuando su entrenador se marchaba a Inglaterra, ahora no ve con tan malos ojos que un técnico, con contrato en vigor, se acoja a esa norma para abandonar su club.

Veremos a ver cuántos de estos preparadores que hoy son los niños mimados de sus jefes terminan cayendo en las garras de unos dirigentes que se aferran a su cargo sin hacer el más mínimo ejercicio de autocrítica.

sábado, 21 de mayo de 2011

En los últimos años nos estamos acostumbrando a que el título de Liga llegue decidido a las jornadas finales del campeonato. El dominio abrumador ejercido por el Barcelona de Guardiola en estos últimos años, o en años anteriores por el Real Madrid ante el declive del “modelo Rijkaard”, han hecho que olvidemos finales de infarto en los que no había nada decidido hasta las últimas jornadas como en las ligas de Capello o, si vamos un poco más lejos, en aquella Liga ganada por el Depor allá por el año 2000.

Esta especie de “tiranía bipartidista” (permitidme hacer la comparación en unos días tan importantes para el futuro de nuestro país) que llevan a cabo los dos grandes en la competición doméstica sólo trae consigo el desprestigio de nuestro campeonato y el descrédito del mismo (como el bipartidismo en la política española, vaya). No hay alternativas, ni posibles ni de garantías, para poder pelear en un mínimo de igualdad frente a estas dos superpotencias que aglutinan todos los ingresos económicos y, también, toda la atención en los medios de comunicación (¿os suena?).

Pues eso, que los dos equipazos se reparten el pastel y para el resto las migajas. Pero, por suerte, el fútbol no es política y el hecho de que el título de Liga siempre sea cosa de dos y, además, llegue decidido al final, hace que en las últimas jornadas aquellos equipos que durante todo el año luchan por sobrevivir y conseguir un objetivo que no es otro que la permanencia se conviertan en el centro de atención de los aficionados. Podríamos llamarles “equipos minoritarios” (similares a aquellos grupos políticos que sólo en contadas ocasiones tienen presencia en los medios).

Porque sí, hay otra Liga más allá de la que juegan Madrid y Barcelona. Es el torneo en el que cada vez más equipos se juegan su futuro en la máxima competición nacional y, en muchos casos también, su futuro institucional. El descenso supone desaparecer totalmente de la escena mediática y hace temblar los cimientos de muchos clubes. Pero, desde el punto de vista del aficionado neutral, el drama que se vive en estas últimas jornadas en la lucha por el descenso tiene su encanto: tensión, nervios, vuelcos continuos en la clasificación, emoción hasta el último momento y la oportunidad de conocer que hay vida más allá de los dos de siempre. La vida de unos clubes para los que la permanencia es el triunfo más importante del mundo. Mucho más que ganar el Pichichi, por ejemplo, que se ha convertido en la obsesión de un club que, por su grandeza, debería darle valor a los logros realmente importantes.

Esta noche, Zaragoza, Getafe, Deportivo de La Coruña, Real Sociedad, Osasuna y Mallorca se juegan la vida y la de sus ciudades. Ciudades que celebrarán por todo lo alto la salvación para quien la consiga y que llorarán amargamente el descenso de su equipo al más absoluto de los infiernos. Sí, el fútbol hará que durante unas horas se olviden de esta nueva situación que se vive en nuestro país y que nos hace ser algo más optimistas con respecto al futuro político de España. Esperemos que la situación en nuestro fútbol también pueda cambiar porque lo único que provoca este panorama es que nuestro campeonato se devalúe debido a la falta de competitividad que encuentran los más poderosos.

En lo estrictamente deportivo parece que el Getafe es el que más difícil lo tiene porque juega en Anoeta ante otro rival directo, aunque a la Real Sociedad pueden pesarle las piernas por la presión de jugársela en casa. Pero quiero arriesgar en mi pronóstico y apostar por un equipo del que casi nadie habla, el Mallorca. El Atlético, su rival, también tiene cosas en juego y, aunque nunca sabes por dónde te va a salir, le veo favorito ante el equipo bermellón. Las victorias más “lógicas” serían las de Deportivo, Osasuna y Zaragoza, pues sus rivales no se juegan nada y, además, los dos primeros juegan en casa. Todo esto, unido a un empate en Anoeta, condenaría al Mallorca si pierde su partido ante el Atleti. Es obvio que la combinación es muy compleja pero habrá que ir viendo cómo transcurren los partidos. ¿Vosotros qué opináis?

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