![]() |
El aguanís es un amago, un regate inesperado, un puedo pero no quiero. No lo voy a hacer. No ahora. No así. Lo voy a hacer ahora. Así. Es un engaño premeditado a última hora. Es un desarme a la obviedad; una intención disfrazada. El gol final es obligatorio; si no, no hay aguanís. Combinar recortes de tres pasiones como el deporte, la literatura o la música para decir algo sin decirlo o, quizás, decirlo de forma menos obvia, es mi oportunidad de uno contra uno, mi yo contra usted, mi intento de aguanís. Sólo hay una diferencia; si lo consigo, soy yo quien se marca el tanto. Usted quien cae en mis redes. ¿Jugamos? |
| Segovia necesita un Palacio de Congresos |
| 1495 días |
| sin desdoblar y sin cerrar la variante de la capital |
![]() |
| Con “A” de aprender | |
|
por Alberto Martín García |
| 21/05/2013 | |
| ¿Hemos olvidado el escándalo de Caja Segovia? | |
| Recortes de aguanís | |
|
por Ana Vázquez Aguado |
| 16/05/2013 | |
| El precio injusto del jamón de york | |
| Conexión Campo Grande | |
|
por Teresa Sanz Nieto |
| 14/05/2013 | |
| La fábrica de chocolate | |
| RATórica musical y otros amigos | |
|
por Javier Vidal |
| 12/05/2013 | |
| ¿ Por qué hay canciones que nos hacen llorar? | |
Siempre me ha gustado más ir a la compra que de compras. Sí, soy rara. Gastar dinero en ropa me gusta, pero el universo del carrito y del qué galletas me apetecen en este preciso momento me parece mucho más divertido que el de los probadores. Por eso durante el tiempo que estuve viviendo en Bruselas con mi padre, no hubo un solo día en el que le dejase ir solo al supermercado y pagar el precio injusto del jamón de york.
Entenderlo es sencillo aunque él no quisiese comprenderlo; pagar cerca de cuatro euros por cuatro lonchas de york es un robo. No es cuestión de dinero; es un asunto ético. Y eso me ocurre con el fútbol de Tercera. También con el de Primera. Por eso en los últimos seis años sólo he ido dos veces al Bernabéu y una al Calderón; a mí que no me quieran hacer creer que el precio medio y lógico de un minuto de fútbol serrano vale cincuenta céntimos. Y menos que la hora y media de fútbol de york sale a quince euros. Quince euros.
En realidad, lo más insólito de todo esto es que el precio lo hayan determinado los socios y que ellos mismos se hayan impuesto pagar cinco; ¿no son 135 o 175 euros de abono suficientes para la cuarta categoría del fútbol nacional? Matemáticamente el fútbol es un error. Aunque no sé de qué nos sorprendemos; ya quedó constante nuestra categoría científica en otras ocasiones en las que se pudo hacer buena taquilla a un precio lógico y se optó por dar por hecho que el sueldo medio de la población es de directivo alto.
No entiendo que no se entienda que el calendario ha ofrecido la opción de convertir el último partido en un encuentro. Un encuentro con suspense. Un encuentro entre dos equipos de la provincia con opciones al play-off. Un encuentro entre amigos. Un encuentro entre segovianos seguidores de uno u otro club, pero conocidos al fin y al cabo. Un encuentro para disfrutar apoyando a la familia. No entiendo que no se haya comprendido.
Un precio de 7 euros animaría a mucha gente a subir a La Albuera el domingo; a gente a la que ni siquiera le gusta el fútbol y a quien podría llegar a entrarle así el gusanillo de la rutina de fin de semana. Pero esto es España. Esto es Segovia. Que suba quien pueda, no quien quiera y… ¡A jugar!
Dicen que podemos ser imperdonablemente malas. Dicen que unidas, alcanzamos a erigirnos perversamente peores. Dicen que enfrentadas, llegamos a convertirnos en los monstruos que nunca fuimos. Dicen. Y aunque a veces no son del todo falsas estas mentiras, en otras ocasiones nos encargamos de demostrar que cuando la causa es buena, la lucha conjunta puede ser aún mejor.
Estoy enganchada a Twitter; no lo confieso, porque no hay cura para un vicio incurable. Es un secreto a voces. Hay gente realmente interesante sonriendo al pajarito, y ayer sucedió algo no sé si increíble, importante, curioso o simplemente precioso. De repente, y durante cerca de una hora y media, el mundo del fútbol sala femenino se volvió loco e implicó a cada uno de sus pequeños átomos hasta hacer estallar el universo de los 140 caracteres. La bandera, en forma de hashtag era #FSFmereceTV, o lo que es lo mismo, conseguir que este deporte tenga, al menos, sus cuarenta minutos de gloria en la tele. El día elegido para pedir esos instantes no es uno cualquiera; la fecha se llama 11 de mayo y se apellida Burela-Atlético de Madrid. El título de liga de División de Honor en juego. Casi nada.
Para los que jugamos a ambos lados de la cancha, en el de los medios y en el del fútbol sala femenino, el objetivo parece más que complicado; apostar por el futsal cuesta, y si es acabado en a, la historia sale aún más cara. Pero gracias a la iniciativa de salafemenino.com, gestionado por el segoviano Óscar Arcones, de hacer una fiesta cibernética de etiqueta, el sueño parece tocar con alguna letra más la realidad. Fue emocionante comprobar cómo, durante más de noventa minutos, el mundo del futsal español, hombres y mujeres, se unió para pedir que España entera tenga la oportunidad de disfrutar del lujo de ver los regates de Leti, los goles de Natalia Flores, Peque o Dany, la elegancia de Anita Luján o la calidad de Haydée.
Dicen que técnicamente somos más detallistas que ellos. Dicen que tenemos la capacidad de hacer dos cosas a la vez, pisar y pensar. Dicen que podemos jugar. Que sabemos jugar. Dicen. Pero dicen también que hay quien no cree si no ve. Pues veamos; porque el fútbol sala femenino merece ojos. Merece televisión.
(Nota: Le he "robado" la foto a Kike Martín de su Twitter, espero que no le importe)
Antes de ayer lloré. Me emocioné; ¿qué le voy a hacer si una es de lágrima sencilla y más cuando se lo ponen fácil? Además, el Juan Bravo hace poco menos de un año que me emociona más de lo debido. Estaba en mi derecho. Y en mi izquierdo; en el rabillo del ojo que miraba a cada uno de los invitados a los que el miércoles premió la Asociación de la Prensa Deportiva. Premiamos; porque una es periodista deportiva a mucha honra y con mucho gusto, pero sobre todo, con mucho mérito. Y no lo digo únicamente por mí.
Disculpen si creen que lo que voy a escribir no es una opinión sobre el deporte. Me defiendo de antemano y digo que los Alonsos, los Cristianos o los Contadores no serían alguien si ningún contador de historias supiera relatar sus hazañas.
El miércoles la Asociación premió, con tanto sigilo como cariño, a Antonio García Rivilla, alguien que ha dignificado a lo largo de los últimos cuarenta años una profesión que parece querer prejubilarse con él. Y no por falta de periodistas; porque a la que suscribe le sumaría nombres de la últimas generaciones segovianas como los de José Rodríguez (@jrodriguez_89) o un jovencito Jorge Sanz (@JorgeSanzCasi), que tienen tanto talento periodístico como pasión deportiva. O ¿cómo olvidar a Elena Gutiérrez? La profesión parece querer jubilarse por falta de lo que le sobra al deporte, ambición; ambición de quien edita un periódico, dirige una radio, sostiene un portal digital o produce un programa en la tele. ¿Para qué contratar a un periodista cuando hay tantos que lo harían gratis? Y así se quita del medio un medio. Y le parte un rayo a una emisora. Y se inunda un canal. Y todos desaparecen.
Entonces ocurre la evidencia, que es una dama discreta pero imponente, y un señor periodista como Javier de Andrés, al que hace poco le robaron el micrófono, se sube a un escenario y presenta una gala entretenida e informativa a partes iguales. Da una lección de periodismo sin intentarlo. Justifica con hechos las palabras en las que pide a los deportistas que exijan que quien les haga las preguntas no busque saber las respuestas, sino cómo llegar hasta ellas. El camino no es fácil; imaginen una maratón. Nosotros también hemos corrido nuestros kilómetros; como para que vayan otros y se cuelguen las medallas.